PARADIGMAS INCRUSTADOS

Creado el: 2025-08-24 11:31 am

Historias

“Calcula, querido amigo, todo lo que hace falta para que podamos conversar. Si eres muy racional necesito encontrar los esquivos agujeros de tu ensoñación, si eres artista de corazón debo esperar a que la vida te atraiga lo suficiente para verme en la realidad, si eres esquivo a recibir ayuda hay que lamentarse esperando a que no tengas salida para levantar la mano. 


En el intento de echarle una mano a Carmen, he procurado todas las medidas. Hace tiempo llegué a decirle en un sueño que soñara con su felicidad, ella sonrió durante la noche, pero al siguiente día la risa era para burlarse de una vida así de ideal. Durante el sueño le propuse que organizara su restaurante para preparar alimentos más sofisticadas, más de moda, la vestí bonita, renové su cabello, hasta adorné con plantas de flores el lugar.


Las sopas que prepara, que son típicas y sabrosas, empiezan a ser aburridas. Como siente desdén por las redes sociales se reúsa a tomar algunas fotos en las que seguro vería lo desabrido de la presentación. Y los amigos que solían visitarla, sus clientes permanentes, han estado viajando para abrirse camino por el mundo. Ellos, cuando regresan, tratan de persuadirla hacia el cambio, hasta le han ofrecido ayuda para crear un perfil de su negocio que venga al presente y la refresque.


La resistencia de Carmen obedece a la tradición familiar que la sostiene. A ella, no al concepto del restaurante. Su familia es todo lo que tiene, eso se dice, se dice también que a cambio de lo nuevo alguien debe sostener las tradiciones, y que no hay ninguna necesidad de hacer modificaciones para que un negocio vaya bien. Carmen se repite resonante que basta con hacer las cosas bien.


Ayer don Leandro, el vecino, amigo entrañable de la familia, ofreció a Carmen invertir en el negocio. Ella no puede reconocer que la oferta del hombre busca más bien devolver a sus padres todo el apoyo que recibió en la época en que su vieja tienda fue sometida por el minimercado nuevo de la esquina. A cambio, el vecino solo espera ver prosperar a la joven, verla salir adelante, como él lo hizo, y así poder suspirar.


El anhelo de Leandro nace de una serie de televisión que ha disfrutado como niño. En el show, la protagonista se libera de las tradiciones de su villa para romper paradigmas incrustados y dar la sorpresa. La vio ahí, vio a Carmen, sintió que ella haría algo semejante, que sería la inspiración, y que él guardaría con orgullo secreto el placer de haberla impulsado. 


Anoche Carmen no me soportó, después de la propuesta yo quise darle serenidad y perspectiva, pero la repentina sensación de paz la enojó aun más y se indispuso. Su hermano, quien ahora vive en la ciudad más ambiciosa de la región, tiene claro que Carmen necesita un cambio, y aunque él podría también ser una amenaza de motivación, ella lo va a escuchar, así que él es mi estrategia de rescate. 


Carmen se prepara ahora para recibir a su único hermano, como ingeniero se atreve a reparar algunos daños de la casa donde funciona el restaurante, eso sí, que no traiga cambios evidentes, eso la incomodaría. Prepara de paso el caldo favorito del visitante, y espera conversar con él sobre lo indignante de la oferta de Leandro. No sabe ella que a través de su hermano aprovecharé para contarle lo fuera de tiempo que se encuentra, y cómo es que se está resistiendo a un cambio necesario.


Que se quede en su vecindario, y en la casa, que siga siendo esquiva a las redes sociales en su nombre si eso desea, pero que haga progresar su negocio, porque es el único recurso que me queda ahora para inducirla a cambiar en su terquedad. Ella está sufriendo, aunque se lo niegue. Se siente sola, abandonada a veces. Trata de salir adelante y sentirse en el ahora, pero se retrae con demasiada frecuencia a añorar el pasado.


La gente querida se ha ido en busca de cambios. Ella no tiene que irse, pero sí cambiar. No necesito que cambie porque los demás están cambiando. Lo necesito porque el cambio es lo natural, la evolución, el milagro de crear más vida. Y aunque a ella le moleste lo convencional o imitar, este sí es el momento para que se decida emprendedora, se adapte a las maneras actuales y las aproveche en favor de su propia intimidad.


Los nuevos platos vendrán como una propuesta indirecta, en la tarde que espero que pase el próximo viernes con su amiga que estudia gastronomía. La estudiante dirá: «¡Carmen! Casi me rajo con una cazuela», y así Carmen tendrá la idea de crear una cazuela de su propia autoría para el restaurante.


A las redes sociales espero familiarizarla en asocio con mi amigo de diez años que vende limón mandarino. Cuando lleva su pedido a Carmen, ella le presta el teléfono, y lo vigila de reojo. Gracias a ese reojo espero que descubra como alguien más puede hablar de ella, y solo tiene que permitir que ese alguien venga y haga su trabajo.


Así de terca es, necesita insinuaciones, no tolera lo directo, que nadie le siembre, que nadie le ofrezca, que Leandro ni se atreva a esperar que acepte su oferta. Pasará un tiempo, y ella mejor va a solicitarle un crédito, regida obligatoriamente por sus reglas diseñadas, donde quede clara la dignidad que nunca estuvo en duda, y donde Leandro sienta, según ella, que juega un papel secundario, y que la inspiración ha sido natural. 


Por ahora piensa, querido lector, ¿necesita Carmen tanto merodeo? Es fácil saber que los negocios, como la vida, siguen adaptándose, se transforman. Para Carmen lo difícil no es transformar el negocio, es cambiar ella, y para eso sí que necesita merodeos. No aprende a cambiar fácil, se sostiene de su rigidez llamándola criterio, se aferra a lo conocido convenciéndose de la falsa comodidad. Y yo solo puedo tener paciencia, la dicha de la vida es ofrecer vida, el poder de lo humano es seguir su voluntad. A ver si nos encontramos un día, amigo, ya sea para negociar frente a tu voluntad, o para escuchar a la vida, normalmente tú eliges, espero que aprendas a elegir con más astucia"

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Olga Castaño

Comparte, la magia se transmite uno a uno

Comentarios (6)

Nos encantaría saber lo que sientes y piensas con este dictado, comparte tus experiencias o preguntas, sugiere nuevos temas.

Adriana C
Me reconozco en la terquedad de Carmen cuando era realmente difícil que cambiara de idea (ahora es menos difícil). Cuando seguía mis propias reglas, en el trabajo, en mi cuidado, en mi casa, con mis amigas, así todo lo de afuera me estuviera invitando a moverme o mejor dicho, a refrescarme. Solo conseguí estar apretada durante un tiempo. No es fácil, pero después de que se intenta, algunas cosas son más livianas de llevar y se vuelven más divertidas.

2025-08-24 04:04 pm

Olga Castaño
Gracias Adri por animar a los estáticos a moverse un poco. Es curioso cuantas cosas que nos hacen bien comienzan por una sensación de rechazo o molestia.

2025-08-25 09:23 am

Ayda Mary Portilla Delgado
A propósito de la terquedad... yo me imagino mi ceguera y me da pena, con el millón de ideas enredosas que vienen de mi cabeza, me encantó leer esta historia y soñar con aprender a cambiar sin tanto merodeo.

2025-08-24 09:50 pm

Olga Castaño
"¿Cómo luce quien da más vueltas de la cuenta? Confundida, perdida aunque se diga estar su centro, y temerosa en vez de desafiante"

2025-08-25 09:25 am

Monica
La vida con migo ha sido verdaderamente paciente. Por aquí y por allí manda mensajes y yo sin entender.

2025-08-26 03:43 am

Olga Castaño
Jaja, creo que tu comentario representa a muchas mujeres que no lo dicen. Con razón a la vida le toca ir aumentando el volumen ☺️

2025-08-26 02:56 pm

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LA SILLA VOLADORA
Tenía 15 años recién cumplidos cuando sus piernas se paralizaron. Futbolista y socialmente activo, Jorge Andrés cambió su vida en una sentada. Hace ya 22 años de ese momento difícil, un cambio de vida radical, la apuesta singular de la vida con este muchacho desprevenido. Mejor conocido como Pepe, se ha convertido en leyenda viva para sus amigos y vecinos, veamos por qué. Para comenzar, nunca perdió la alegría, algo que no cabe en la mente de muchos. Un día lo vi escribir “No es dar pasos, es dejar huella”, entonces supe que esa alegría no era solo una actitud, venía de él, profunda y sincera, porque entendió que la nueva condición era su oportunidad para aprender a volar. Pepe sabe volar, como no puede saltar vuela; lo hace cada vez que sortea los obstáculos con destrezas siempre nuevas, con fuerza y cierta gracia. Vuela apoyado en los hombros de sus amigos para ir de viaje y visitar el mar, ha aprendido a despreciar las barreras hasta convertirlas en más encanto para sus dulces ojos. Tras un aterrizaje Pepe encontró a su novia y se la quedó; la bella pepita como mamá Noel a papá Noel, hecha de la misma valentía y arrojo. En esa silla ahora vuelan dos. Con el paso del tiempo nuestro personaje se ha hecho más guapo, más ordenado, más próspero, incluso más exitoso y generoso. Tiene la particular capacidad de tomar un sueño y convertirlo en realidad más allá de su propia expectativa, tanto así que piensa ahora que el Cielo le hecha la mano en todo momento, él no sospecha que trabaja para el Cielo mucho más de lo que puede creer. Entre las tareas que cumple Pepe, es un ejemplo. Los ejemplos son verdades que se ven, que van por ahí y hasta el más incauto las puede percibir; sobre esa silla va un ejemplo de resiliencia, la capacidad extraordinaria de convertir las dificultades en oportunidades. En su familia es gelatina que da cuerpo al postre, para los amigos es un hermano, para su novia es un superhéroe, para su equipo de billar es ídolo, para su mamá es el niño Dios. Aún así, la tarea más difícil que tiene Pepito es seguir siendo cada vez mejor, y se lo propone; saber buscar su propio progreso y hacerse grande para el mundo, aprender nuevas virtudes y dejar atrás lo que ya no corresponde. Seguir cambiando, mejorando, aprendiendo, esa es la encomienda del cielo que Pepito lleva para siempre. 
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"Les contaré la historia de un error, o de la familia Corrales, ustedes decidirán al final de qué se trata mi relato.En el sentido de las cosas, las familias comparten una visión, una apreciación de la realidad. Hay familias agudas para ver el dolor y lamentarse, hay familias marcadas por la alegría, hay otras que definitivamente ven la tragedia, y así.La familia Corrales es la familia del error. Me refiero a que tienen una visión, y por consecuencia una vivencia del error, bastante peculiar. Para los miembros de la familia Corrales, en especial para las mujeres, cometer un error es un acto que te llevará a la hoguera.Y puede que haya sido así, puede que en su pasado ancestral, alguien fue sacrificado por cometer un error, o más bien por lo que se considerara un error en ese momento histórico y social. 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Esa me duele, la de verse a sí mismos entendiendo que su posibilidad de acertar es escasa o esquiva. Es decir, entendiendo que quienes aciertan o triunfan son otros, no ustedes.Cualquiera que sea tu reacción, usa la conciencia, que es observarse pausadamente, sin opinar de inmediato, atendiendo también a lo que sientes y el impulso o la corrección que tratas de emitir. Hacer consciencia es ser honesto, transparente, desnudo contigo mismo como quien se puede ver en un espejo mágico, o se puede mirar por dentro en sus asuntos más profundos. Si practicas verás que cada vez encuentras elementos nuevos en una misma conducta. Eso es lo que va a pasar si te haces consciente de tu relación con el error. Notarás las características particulares de esa relación, verás los efectos, los impulsos que no puedes controlar, el dolor o el miedo que esconde, la ira, el rechazo, y hasta las maneras como puedes ir suavizando ese conflicto.Se vale mirar en los dos sentidos, mira tanto la manera como abordas tu propio error, como el modo en que actúas frente al error ajeno. Las dos son caras de una misma tarea, y el premio será el mismo, más libertad para entender la naturaleza errática de la vida, más flexibilidad, más sabiduría, y mucho perdón.Piensa en que puedes perdonar los errores ajenos y los tuyos. Que minimizarás aquellos que corresponda minimizar, y que la mayoría de errores son pasos necesarios para desafiar las capacidades, las tuyas y las ajenas. Si eres de aquellos que dirige a los demás, o te diriges a ti, para evitar los errores, ensaya esto, comienza a predecir algunos errores necesarios. Eso te dará astucia y comprensión. Un error necesario es aquel que deja más frutos que el acierto. Verás entonces que miles de errores, pequeños y no tan pequeños, son más que necesarios. Que algunos cambios que estás necesitando no van a suceder si no se presentan evidentes por medio del error, sus raíces y consecuencias.No tengas miedo del error, no lo evites, no colapses, deja de juzgar. Eres humano, y estás vivo. Te corresponde equivocarte, para así demostrarte rápida y fácilmente cómo hacerlo mejor. Eso es todo. Así se juega con el error. Y si perteneces a la familia Corrales entonces afánate a entender que esa relación tormentosa con el error es una marca vieja, traicionera y despiadada, que se ha afianzado por el miedo, y por una educación exaltada en las amenazas y el juicio moral. Ahora que estás aquí, que eres tú quien empieza a dirigir tu propia educación, entiende que nunca es tarde para soltar ese velo oscuro del aprendizaje heredado, y que te puedes desprender de la aparente fuerza que te da la agudeza para enfrentar y señalar el error.No pierdas lo fino de tu tacto, lo de hilar cuidadosamente se te da bastante bien. Esa es la verdadera respuesta adaptativa que debe dejar el error, ir con cuidado la siguiente vez. Así que aventúrate amigo Corrales, ese temor al error puede traducirse fácilmente en un superpoder para ser asertivo, sagaz, adaptativo.A todos les cuento un secreto, las Corrales son tremendamente talentosas para componer la vida, para arreglarla, ponerla bonita, repararla. Y ese talento solo brilla cuando hay errores que reparar 😉".
LA BELLA OSCURIDAD
"…enfrenta la luz a través de los matices de la bella oscuridad capaz de demostrarte cuando te equivocas…Desglosemos esa frase. Es lo que las frases profundas esperan hacer, causar una reflexión donde cada quien encuentre su sentido profundo, su propia revelación.Tomamos esa frase de un dictado escrito para una amiga que se encuentra enfrentando algunas condiciones médicas, y que se enfada por tener que practicarse exámenes o por lidiar con las recomendaciones médicas que encuentra un tanto molestas.Estuve tratando de explicarle que algunos caminos entrañan destinos inesperados. En realidad yo espero que ella encuentre más gusto por cuidar de sí misma en medio de los estudios, que se reconcilie con la responsabilidad implícita en poseer un cuerpo como vehículo, que encuentre incluso cierta gracia en el deber de responder a las leyes de la biología.No es que mi amiga sea huraña, al menos no mucho. Ella se siente cansada, le parece que la vida exige demasiado, y yo al final solo trato de mostrarle que más bien es ella quien se lleva al límite en cada situación tras el objetivo de dar lo máximo de sí misma. Ella, atención, da lo máximo esperando que al fin las cosas se pongan en balance y logre corregir el margen de error que todo parece poseer.Bueno, no es que ella no sea generosa, es que a pesar de la experiencia que tiene no se da cuenta aún de que mucho de lo humano es vivir sobre el error, el propio y el ajeno. Gran parte de mis amigos juiciosos padecen esa realidad como un tormento. Hasta se pelean con la vida porque no se deja corregir. A ellos suelo enseñarles la generosidad más fácilmente a través de su propia compasión, porque mostrándoles la realidad no acaban de aceptar la condición esencial humana del aprendizaje.Está bien, acepto que ella es un poco terca. O dicho de otro modo, poco inteligente para aceptar lo que no le gusta o no ha considerado. Y eso lo entiendo tan bien que le regalo toda mi paciencia. Ahora, si me quedo esperándola se va a perder de la oportunidad de avanzar respecto a ese aprendizaje preciso. Así que mejor la llamo, le demuestro con la realidad que puede hacer las cosas distinto y eso no está mal, que se puede acomodar.Cuando llega a los consultorios yo estoy detrás de ella, estrujándola un poco para que sea amable y se abra. Dado que tiene conversaciones tan eficientes con los médicos, ella no deja espacio para mostrar su sensibilidad o para que el tratante se compadezca de su coraza. Al contrario, lo que suele propiciar es un diálogo puntual y somero que, entenderán, al final aumenta su sinsabor sobre la experiencia.Me queda en definitiva el recurso de las dudas. Dudas gloriosas. Ella se asusta por la posibilidad de un diagnóstico complicado, se frunce, hasta se plantea no continuar con la investigación. Y me reclama cuestionando el para qué la pongo en todo eso.Por eso escribimos su carta, para explicarle que es justamente a través de los procedimientos de diagnóstico y seguimiento como mejor puedo demostrarle que no necesita estar seriamente enferma, solo necesita prestar atención y dar el brazo a torcer sobre la evidencia de que es frágil, que habita un cuerpo lleno de vida fuera de su control, que no es una máquina, que no está aquí para que todo salga bien.Quise llamar este movimiento para ella «la bella oscuridad». No solo porque así lo asimila, como un momento de oscuridad incómoda, sino porque nada hace más hermosa y evidente a la luz tenue y sagrada como la sombra. Quiero que ella tenga la delicadeza de sentirse privilegiada por esta aquí viviendo esta vida de susceptibilidades y altibajos. Quiero incluso que lo pueda disfrutar. ¿De verdad consideran que tiene sentido disfrutar solamente lo que sale bien o lo que luce perfecto a los ojos del anhelo? Qué hay de quién no disfruta el arrullo de la compasión, el calor de una almohada de carne y hueso en momentos de debilidad, o la dura realidad que trae hermandad y regocijo.Yo puedo explicarle entonces a mi amiga de la carta que espero que ella sueñe un poco más con las sombras como parte esencial y natural de la vida, casi como la base. Y ella, lo sé, seguirá peleándose con esa idea. Por fortuna, la idea no responde a la pelea, y yo me ocupo de seguirle demostrando que no se trata de tener la razón o discutir cómo tiene que ser la vida. Todo lo que anhelo es verla reconciliada con una realidad infinitamente más grande que su capacidad de comprender.Cuando ella acepte que no tiene cómo asimilar por completo la manera profunda y enigmática en que funciona la realidad, yo estaré satisfecho. No me interesa tanto que no tenga dudas o que lo acepte con buena voluntad, todo lo que quiero es que deje de sufrir tratando de corregir lo que no necesita ser corregido, que se ahorre trabajo teniendo que perdonar lo que no amerita perdón, que sueñe mejor con una realidad adaptada y comprensiva, que supere al fin esa rigidez de pensamiento donde ella se pone en segundo lugar bajo la convicción de que esa es una estrategia exitosa.Resulta amigos que enfermarse no solo permite recibir lecciones contundentes, a veces enfermarse sirve para domar el carácter, para ganar humildad, o simplemente para recordar que no gobiernan su vida como lo imaginan.Así que la próxima vez que se enfermen, que necesiten aquella almohada o aquel arrullo, tomen aire para suspirar por un aprendizaje implícito que bien pueden recibir con armonía".
SIENTES, LUEGO JUZGAS
"Juzgar tiene más que ver con lo que sientes que con lo que piensas. Juzgas duramente aquello que lastima tus susceptibilidades, y puedes dejar pasar de largo más fácilmente lo que no lastima tus heridas. Es que juzgar no es solo lo que dices, juzgar también es eso que sientes sobre los demás, una especie de juicio implícito que obedece por supuesto a lo que has vivido, tolerado, amado o despreciado. La gente delicada trata de juzgar lo menos, y aun así sus sentimientos necesitan aflorar. Tengo una amiga que se esmera por ser correcta, veraz, neutral, y en general le funciona. Pero ella es otra cuando el tema en cuestión es la injusticia. Mi amiga fue criada por una madre rigurosa, que dirigió su vida y la de sus hermanos a través de una especie de ley. Esa ley, lejos de ser justa para ella de pequeña, estuvo sesgada por exigencias insensatas, o por la oportunidad que la niña ofrecía al ser obediente y eficiente.También tengo otro amigo, cuyo sentimiento proviene más de las dificultades en las que se encontraba su madre cuando él nació. Mi amigo se siente fácilmente despreciado, es decir, de poco valor, y juzga inconsciente y duramente a quienes no le dan valor explícito o parecen brillar más que él.Tú, ahí leyéndome, piensa qué es eso que juzgas con especial impulso. Puede que seas decididamente duro juzgando las fallas, porque entiendes que no puedes fallar, o juzgas el desamor, porque mucho amor te hizo falta. No es fácil reconocer algunas heridas inconscientes, o razones de la experiencia para creer que el mundo debería ser más justo, valorarte más, ser más acertado, o más amoroso. Sin embargo es bueno que entiendas que eso que te hace protestar es una herida que cobijas con ideas, ideas no tan bien construidas, que aparentemente protegen tu herida para que no duela. Míralo así, juzgas lo que te hace sentir mal. Si estás en paz, puedes pasar de largo sin juicios viciados, y entonces el sano juicio obra en favor del aprendizaje, que es lo que mejor puede ocurrir. Sí, el mundo es injusto, es verdad, y tiene muchos otros defectos. Pero tal vez es tu hora de admitir que lo que haces con eso marca la diferencia en tu bienestar. Sentirte de menos en algo definitivamente no ayuda. Sentirte de más es quizá una peor idea aún. Y moverse entre esos dos extremos es tan retador que prefieres quedarte en alguna orilla.Te invito a que te esfuerces, a que esperes ser más decidido para reconciliarte con tu herida, y verla supurando a través de tu mirada de frustración frente a eso que no tuviste.  Si eres valiente y observas, no tardarás mucho en caer en cuenta que estas recibiendo más bien un llamado a trascender esa herida. Curiosamente, muchas personas se enredan en juicios asociados a sus madres, ya sea porque ellas los emitieron, o porque los inspiraron. ¿Tuviste una madre dura o exigente? Puede que te veas juzgando los errores ajenos con rigidez e incomprensión. ¿Tuvo tu madre muchos problemas para enfrentar su vida? Es posible que la vida te parezca tremendamente injusta o despiadada.No le echemos la culpa a las madres, no es ese el objetivo, entendamos juntos que fue un aprendizaje, y también juntos tratemos de buscar desaprender. Digo juntos porque nosotros queremos ayudarte a lograrlo, a desprender, y a sanar. Ya sabes, no podemos simplemente sanar tu herida, debes hacer parte, pero sí hay mucho que propiciamos para que tengas que sentir el ardor en tu herida y entonces la tengas que atender.Hay heridas de tantos tipos, tan particulares, que arden tan distinto, que aunque logres darle un nombre a la tuya entiende que el remedio es exquisitamente particular. Por ejemplo, muchos de ustedes comparten una herida que podríamos llamar el vacío de no ser grandioso. Niños que no tuvieron un lugar exaltado en el hogar, hermanos que no destacaron por su inteligencia como otros de la familia, pequeños poco favorecidos en algún aspecto, o puestos en un segundo nivel de importancia familiar por distintas razones. Ese vacío de grandeza, de lugar, es uno íntimamente ligado a juzgar. Si bien de niños ustedes no están pensando en cultivar rencor, si están respondiendo a la necesidad de tener un lugar de valor entre los suyos. Juzgas ahora ese vacío, tienes esa necesidad por resolver, y adivina, lo harás tú. Otra amiga, quien fue abandonada por su madre estando pequeña, guarda esa herida como quien cuida un tesoro. La entiendo, nadie va a discutirle que eso fue tremendamente injusto, o le negará su derecho al dolor. Pero tampoco nadie vendrá a decirle que lo tiene que superar, y que se puede hacer a ella misma fuerte y sana si enfrenta la tarea de darse su propio valor y perdonar.La justicia de la vida, entenderás, dista de los sentimientos humanos. Los acontecimientos de la vida no se definen de acuerdo a si te dolerá o no, ocurren, y eso es lo que debes afrontar. Hacerle pecho a lo que ha ocurrido es el comienzo de tres pasos esenciales para darle un giro a esa historia, a esa herida.Primero, hay que reconocer la herida, segundo, hay que ver que es algo que puedes reparar, aunque a veces sigas diciéndote que esa es tarea del causante, y tercero, hay que sanar para triunfar, hay que desenamorarse del dolor.Veamos un caso. Si tu herida tiene que ver con que tu valor dependía de tus logros, entonces comienza por ver todo lo que te nubla estar pendiente de ellos, de destacar, de salir premiado o exaltado. Si te exaltan sientes valor, si no lo hacen algo estuvo muy mal, y tal vez no eres tan valioso.  Probablemente no lo has pensado, obtener logros está bien, pero que tu bienestar dependa tanto de ello es una señal que merece atención. Entonces sospecha, oblígate a sospechar, que es algo que tú mismo puedes reparar. Claro que puedes reparar las heridas que causó el entorno, y que no necesitas obsesionarte con repararlo a él. Pero no necesitas juzgar al entorno cientos de veces para repararlo, o para reparar el daño que te causó. Lo que necesitas es ilusionarte con un cambio, con tu libertad, con una sana autoestima.Por alguna extraña razón que no corresponde explicar, los seres humanos se vinculan más al dolor que a la plenitud, y eso les impide buscarla. Desenamorase del dolor implica la valentía y el coraje de contradecirse a sí mismos, ¿quién dijo yo?”