LA FAMILIA CORRALES

Creado el: 2025-04-19 10:21 am

Historias

"Les contaré la historia de un error, o de la familia Corrales, ustedes decidirán al final de qué se trata mi relato.


En el sentido de las cosas, las familias comparten una visión, una apreciación de la realidad. Hay familias agudas para ver el dolor y lamentarse, hay familias marcadas por la alegría, hay otras que definitivamente ven la tragedia, y así.


La familia Corrales es la familia del error. Me refiero a que tienen una visión, y por consecuencia una vivencia del error, bastante peculiar. Para los miembros de la familia Corrales, en especial para las mujeres, cometer un error es un acto que te llevará a la hoguera.


Y puede que haya sido así, puede que en su pasado ancestral, alguien fue sacrificado por cometer un error, o más bien por lo que se considerara un error en ese momento histórico y social. Y eso, sumado a la vieja y recalcitrante tradición de amenazar sobre el error, de señalar el error, de emitir juicios implacables a quien se equivoca moralmente, construyó un arraigo feroz en los corazones Corrales.


Ese arraigo les dice, desde sus entrañas, que los errores son vergüenza, desfachatez, descaro, abuso. Y ese mismo arraigo les hace señalar los errores ajenos con agudeza, y los propios con crueldad.


Yo no creo que haga falta un ritual de esos donde exponen sus almas para sanar el pasado. Se me hace más bien necesario, y urgente, que atiendan el llamado a trascender el error, especialmente en esta generación brillante y próspera. 


La manera como se moviliza la visión aprendida, heredada, es a través de la consciencia. Hay que hacerse conscientes, queridas niñas, e hijos de esas niñas, de que el error es parte normal de la vida. Hagan eso, incluso aunque sigan escuchando a sus madres o padres resaltar el error con filo mortífero.


Para ser conscientes de su relación con el error, véanse admitiendo uno, o identificándolo por sus propios medios. Pueden verse en una reacción evasiva, o incluso en una salvaje.


La reacción que me gusta llamar salvaje ante el error es la de golpear. Por ejemplo, golpear el ego, golpear la situación o golpear a algún culpable. Esta reacción es un castigo casi físico, como la regla del profesor en la mano del niño que no calculó bien la suma. Un llamado a la vergüenza, al juicio, a la represión. 


La evasión del error es más un refugio. Pueden verse allí cuando se excusan, o se esconden con las mejillas sonrojadas por algo que parece que no hicieron muy bien. También ocurre cuando sonríen con altivez para asumir que no fue su responsabilidad, y paso seguido decirse que fueron otras las circunstancias causantes del error.


Y hay una reacción más que quiero mencionar. Esa me duele, la de verse a sí mismos entendiendo que su posibilidad de acertar es escasa o esquiva. Es decir, entendiendo que quienes aciertan o triunfan son otros, no ustedes.


Cualquiera que sea tu reacción, usa la conciencia, que es observarse pausadamente, sin opinar de inmediato, atendiendo también a lo que sientes y el impulso o la corrección que tratas de emitir. Hacer consciencia es ser honesto, transparente, desnudo contigo mismo como quien se puede ver en un espejo mágico, o se puede mirar por dentro en sus asuntos más profundos. Si practicas verás que cada vez encuentras elementos nuevos en una misma conducta. 


Eso es lo que va a pasar si te haces consciente de tu relación con el error. Notarás las características particulares de esa relación, verás los efectos, los impulsos que no puedes controlar, el dolor o el miedo que esconde, la ira, el rechazo, y hasta las maneras como puedes ir suavizando ese conflicto.


Se vale mirar en los dos sentidos, mira tanto la manera como abordas tu propio error, como el modo en que actúas frente al error ajeno. Las dos son caras de una misma tarea, y el premio será el mismo, más libertad para entender la naturaleza errática de la vida, más flexibilidad, más sabiduría, y mucho perdón.


Piensa en que puedes perdonar los errores ajenos y los tuyos. Que minimizarás aquellos que corresponda minimizar, y que la mayoría de errores son pasos necesarios para desafiar las capacidades, las tuyas y las ajenas. 


Si eres de aquellos que dirige a los demás, o te diriges a ti, para evitar los errores, ensaya esto, comienza a predecir algunos errores necesarios. Eso te dará astucia y comprensión. Un error necesario es aquel que deja más frutos que el acierto. Verás entonces que miles de errores, pequeños y no tan pequeños, son más que necesarios. Que algunos cambios que estás necesitando no van a suceder si no se presentan evidentes por medio del error, sus raíces y consecuencias.


No tengas miedo del error, no lo evites, no colapses, deja de juzgar. Eres humano, y estás vivo. Te corresponde equivocarte, para así demostrarte rápida y fácilmente cómo hacerlo mejor. Eso es todo. Así se juega con el error. 


Y si perteneces a la familia Corrales entonces afánate a entender que esa relación tormentosa con el error es una marca vieja, traicionera y despiadada, que se ha afianzado por el miedo, y por una educación exaltada en las amenazas y el juicio moral. Ahora que estás aquí, que eres tú quien empieza a dirigir tu propia educación, entiende que nunca es tarde para soltar ese velo oscuro del aprendizaje heredado, y que te puedes desprender de la aparente fuerza que te da la agudeza para enfrentar y señalar el error.


No pierdas lo fino de tu tacto, lo de hilar cuidadosamente se te da bastante bien. Esa es la verdadera respuesta adaptativa que debe dejar el error, ir con cuidado la siguiente vez. Así que aventúrate amigo Corrales, ese temor al error puede traducirse fácilmente en un superpoder para ser asertivo, sagaz, adaptativo.


A todos les cuento un secreto, las Corrales son tremendamente talentosas para componer la vida, para arreglarla, ponerla bonita, repararla. Y ese talento solo brilla cuando hay errores que reparar 😉".

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Olga Castaño

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Comentarios (1)

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Consuelo
los errores cometidos son un constante aprendizaje en nuestras vida .

2025-04-20 09:02 am

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LA SILLA VOLADORA
Tenía 15 años recién cumplidos cuando sus piernas se paralizaron. Futbolista y socialmente activo, Jorge Andrés cambió su vida en una sentada. Hace ya 22 años de ese momento difícil, un cambio de vida radical, la apuesta singular de la vida con este muchacho desprevenido. Mejor conocido como Pepe, se ha convertido en leyenda viva para sus amigos y vecinos, veamos por qué. Para comenzar nunca perdió la alegría, algo que no cabe en la mente de muchos. Un día lo vi escribir “No es dar pasos, es dejar huella”, entonces supe que esa alegría no era solo una actitud, venía de él profunda y sincera porque entendió que la nueva condición era su oportunidad para aprender a volar. Pepe sabe volar, como no puede saltar vuela; lo hace cada vez que sortea los obstáculos con destrezas siempre nuevas, con fuerza y cierta gracia. Vuela apoyado en los hombros de sus amigos para ir de viaje y visitar el mar, ha aprendido a despreciar las barreras hasta convertirlas en más encanto para sus dulces ojos. Tras un aterrizaje Pepe encontró a su novia y se la quedó; la bella pepita como mamá Noel a papá Noel, hecha de la misma valentía y arrojo. En esa silla ahora vuelan dos. Con el paso del tiempo nuestro personaje se ha hecho más guapo, más ordenado, más próspero, incluso más exitoso y generoso. Tiene la particular capacidad de tomar un sueño y convertirlo en realidad más allá de su propia expectativa, tanto así que piensa ahora que el Cielo le hecha la mano en todo momento, él no sospecha que trabaja para el Cielo mucho más de lo que puede creer. Entre las tareas que cumple Pepe es un ejemplo. Los ejemplos son verdades que se ven, que van por ahí y hasta el más incauto las puede percibir; sobre esa silla va un ejemplo de resiliencia, la capacidad extraordinaria de convertir las dificultades en oportunidades. En su familia es gelatina que da cuerpo al postre, para los amigos es un hermano, para su novia es un superhéroe, para su equipo de billar es ídolo, para su mamá es el niño Dios. Aún así, la tarea más difícil que tiene Pepito es seguir siendo cada vez mejor y se lo propone; saber buscar su propio progreso y hacerse grande para el mundo, aprender nuevas virtudes y dejar atrás lo que ya no corresponde. Seguir cambiando, mejorando, aprendiendo, esa es la encomienda del Cielo que Pepito lleva para siempre. 
PARAR DE LLOVER
“¿Conoces las hazañas de muchos para detener la lluvia?, hasta puede que tengas una en la que confías. Quiero que prestes atención a una en especial, aquella donde la gente cree que por no decir que va a llover entonces no llueve.  En el cielo se alza una nube negra, grande y fuerte, hay truenos y relámpagos, y aún así quienes necesitan que no llueva insisten en decir que no va a llover. Sé que están expresando su deseo, pero también están decidiendo que no va a llover, o asumiendo que me dicen a mí que no quieren lluvia ahora y yo la voy a detener. El clima, como muchos fenómenos de la naturaleza, son parte de la vida; actúan como catalizadores del cambio, es decir como recordatorio de lo inesperado, de lo magnánimo, de las cosas que una criatura no puede controlar. Sé bien que ya han creado maneras de controlar el clima, pero para hacerlo lograron entenderlo, respetarlo y luego desarrollar estrategias para favorecerse, y esa es una historia diferente. La inocencia que reside en pensar que controlas el clima con tu intención o tu devoción me hace pensar que así obras ante otras circunstancias no deseadas, en vez de pensar primero en adaptarte sueles sucumbir a la negación y a distraerte en artilugios que poco de eficientes tienen pero te dan la tranquilidad de haber hecho algo. Vamos a decirlo de otro modo, no basta la intención amigo mío, ni con el clima ni con las cosas que son más grandes que tú. Debes saber, en el momento en que algo retador se presenta, que tienes mucho más que la negación para enfrentar las situaciones, que hay todo para saber que algunos eventos de la vida no vienen para ser retenidos sino precisamente para cambiarte a ti.  Así que la próxima vez que tengas planes al aire libre y veas en el cielo un gran nubarrón recordarás que ese fenómeno complejo que es el movimiento de la atmósfera está acompañando el deseo de la vida de generar cambios, renovaciones, alteridades. Que cuando veas la lluvia veas el cambio que a veces viene inesperado y te abras a él, así como tu paraguas”.