Creado el: 2025-11-27 06:27 pm
Historias“Podría decirse que así como se desarrolla el cuerpo, y la mente, el espíritu también cobra su lugar tras su maduración. No hay una edad exacta eso sí, no se sigue un mandato biológico, como ocurre con los cambios del cuerpo, que están marcados por edades precisas y secuencias indispensables.
En el desarrollo del espíritu, para integrarlo conscientemente a la vida, las variables son distintas, un tanto más caóticas o impredecibles si se quiere. En ese sentido, algunos niños están conectados desde que despiertan su lenguaje, y la educación que reciben puede preservar o desviar esa conexión.
Esta es la historia de un amigo mío adolescente. Ya les he hablado de él, me gusta utilizarlo como personaje porque, sin ser una novela, mis escritos esperan vincularlos a algo que les sea tangible, al menos a sus sentidos más cercanos.
Este muchacho ahora tiene diecisiete años, empezó la universidad, los primeros brotes de bigote ya son inocultables, y los cambios en su mente no se hacen esperar. Para este caso en particular, decidimos que está listo para su despertar espiritual.
Aclaremos, ese despertar no es algo mental, no lo estamos invitando a un mundo de ideologías o creencias, lo estamos invitando concreta y explícitamente a vivir conscientemente su mundo espiritual al tiempo que vive su vida social, académica, familiar, amorosa, y todo lo que le corresponda.
Es decir, invitamos a Simón a sentirse profundamente, y a sentirnos.
Resultó que el pasado fin de semana mi joven amigo permaneció solo durante veinticuatro horas. Salió de rumba por su cuenta, durmió solo en casa, y despertó para él mismo sin interrupciones. Y claro que aprovechamos esa oportunidad.
Ya venimos caldeando este paso, sin preámbulos evidentes pero con algunos cambios sembrados por nosotros que él bien ha sabido permitir. Lo estuvimos preparando, enfocando, y le ayudamos a prestar atención a ciertos elementos claves que confluyeran en este episodio que les contaré.
A este joven no lo espera algo escabroso, pero así me siente ahora. Tampoco algo fantástico, y así es como le gustaría asimilarme. En cambio, procuramos hacerle sentir la grandeza y la enorme oportunidad de descubrir un mundo nuevo, uno fuera de su ya extendida imaginación.
La pequeña casa que Simón habita es un lugar capaz de hacerse sentir. Me refiero a que es un espacio cargado del amor y el efecto de los eventos poderosos que allí han circulado. Es por eso que él prefiere no mirar la habitación del fondo cuando se dirige a la cocina, o se mira al espejo e imagina todo tipo de asomos por los rincones que se proyectan.
Antes, al estar solo en casa, cerraba la puerta de su cuarto y con todas las luces encendidas evitaba salir. Este fin de semana se dio cuenta que podía pasar casi casi desafiante, eso sí, nadie dijo que sin miedo.
Es que amigos, el día en el que te ves diferente frente al miedo, todo puede suceder.
Por alguna razón que Simón aun no comprende, ese día a solas en casa representó un gozo especial, inexplicable, liberador pero también inquietante, fascinante.
A la mañana siguiente, ya con mamá en casa, el muchacho narró como de costumbre los detalles de la experiencia. Esa mamá, conocida por ustedes, puso algunas preguntas o inquietudes en la conversación que le pedí estratégicamente. Lo que el muchacho iba encontrando construyó para él mismo lo que quiero llamar hoy su despertar.
No me ha visto, no al menos a sus ojos, según yo, sí. Tampoco me ha escuchado, eso cree él. Pero lo que ocurrió es que construyendo sentido de lo que vivió comenzó a responder con sabiduría inesperada lo que lo vincula a esos rincones, lo que sin saber puede estar percibiendo, y su papel cuando se debate entre el miedo y la atracción.
Ahora es cuando les digo, les recuerdo, cada uno encontrará su despertar a su manera, según su vínculo, su llamado, y lo que puede permitirse o no. Está historia quiere compartirles la verdad sobre un caso, y me gusta mucho que cada uno sea un caso maravilloso.
Cuidado, no te sientas mal por la edad, eso no es algo que cobre mayor relevancia. Cada uno tiene su momento, su propia maduración espiritual. Lo que bien saben ustedes es que, a favor de Simón, la madre ha hecho un trabajo deliberado de mi mano para prepararlo. Ella lo ha preparado con sus errores, con su personalidad, con sus propios temores, y con mi guía. No crean que todo ha sido perfecto o mágico, han tenido momentos demasiado humanos, retos, dificultades, tropiezos, miedos por supuesto, y contrariedades con el mundo.
Pero hoy, ahí sentados en la sala, se ven emocionados descubriendo que Simón comienza a estar preparado para establecer su vínculo ahora directamente. Un descanso para la madre (eso cree ella) y un reto para el muchacho, al menos un reto para su mentalidad.
Desde aquí todo se ve sencillo y fácil. Yo sé cómo manejarlo a él. Su carácter noble me facilita las cosas, y su mente imaginativa bien será aprovechada por nosotros para sembrar algunas pistas inquietantes que lo conduzcan a encontrarnos justo donde es mejor que nos encuentre.
Él está maravillado, se siente aliviado de su búsqueda profunda, y también quiere llevar esto al máximo, como le gusta vivir. Tendrá que ser muy paciente, lidiar con las ambigüedades de esta educación, pero su alegría y entusiasmo nos harán bien para propiciar pruebas que pueda gozar y temores que pueda superar.
No lo entiende, no lo va a entender por un buen tiempo, pero el muchacho acaba de darnos su permiso para formarlo. No tiene idea a qué se ha matriculado, pero tiene la astucia de sospechar que por difícil que sea, esa formación le conviene. Le convendrá a muchos. Lo que el chico aprenda será semilla para cientos, de eso me encargaré. Mientras tanto les cuento que no habrá necesidad de elogiarlo o hacerle reverencia, él es uno más de muchos otros que ese mismo día estaba recibiendo el llamado, la simple diferencia es que lo supo responder, y eso ya es especial para Simón.
Amigo lector, no necesitas una madre que cuide tu desarrollo espiritual, no es indispensable, lo que sí necesitas es una figura de protección y guía, encuéntrala, encuentra un maestro. El desarrollo espiritual, aunque íntimo e individual, es un viaje profundo para el que ningún humano es lo suficientemente valiente como para hacerlo solo. Se necesita respaldo, soporte, una cuerda de la que tirar cuando el camino asuste mucho o las amenazas no se entiendan.
Esa guía, ese acompañante discreto, ayudará también a asimilar como real el mundo espiritual. No importa que ya superes los sesenta, o los treinta, o los cuarenta. Si no aprendes a reconocer quien es tu soporte espiritual, no sabrás a donde mirar cuando los eventos te superen, no sabrás que mano sostener, y mejor saldrás del camino para sobrevivir.
Ese guía, esa madre espiritual, o ese acompañante, no tiene que ser una persona diez en todo, un perfecto, alguien que siempre acierta. Tu soporte espiritual a veces es incluso alguien menor en edad, por ejemplo, pero cuya presencia en tu vida es puente entre este mundo material que ahora habitas y un mundo más allá. Si su sola referencia es una mano que agarrar, pues ya lo tienes. Y atención, no tienes que tener un solo guía, hay gente especializada en buenos consejos, otra en buenos ejemplos, y otra en actos maravillosos. Estira la mano según el caso, según el reto, según la necesidad.
En la historia de Simón habrá mucho que contar. Quizá su caso le sirva de guía a madres de futuros jóvenes, o de inspiración a quienes ya son jóvenes y su corazón se mantiene receptivo. A los corazones poco receptivos que a veces me leen, me gusta decirles que siempre estamos atentos, alerta ante cualquier guiño de interés o de apertura. Siempre es buen momento, siempre el espíritu está joven queriendo aprender, y nosotros siempre estaremos disponibles.
La próxima vez que Simón me sienta en su casa, o fuera de ella, volverá a sentir terror, en eso aún es un niño, pero también sentirá el llamado a ir más allá, en eso satisfactoriamente es el niño que mantiene viva su curiosidad profunda.
Acompáñame, amigo lector, en esta búsqueda de inquietos, presencia lo que la inquietud espiritual puede lograr, y anímate, cuando sea tu momento, a darle libertad a tu inquietud, a la curiosidad de descubrir qué más hay para ti, en dónde está tu sentido más profundo de esta realidad”

Olga Castaño
Comentarios (4)
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