MI AMIGA LA MUERTE

Creado el: 2024-12-09 07:14 am

Historias

"Hay muertes de variadas maneras. Hay muertes parciales, y está la muerte definitiva cuando te marchas de aquí. Hay muertes rosa, las que transforman algo sin deje de dolor, y hay algunas muertes que duelen profundamente por cuenta de la resistencia a aceptar algún cambio o abandono.


El fin de año, de un trabajo; la partida de un hijo, una separación, son muertes también. Y las transformaciones radicales en un estilo de vida o en la identidad, cuando cambian algo profundo, son muertes contundentes, apresuradas.


Para algunas personas, esas muertes han llegado a voluntad. Deciden cambiar de país, de familia, de género, y se rehacen. Para otras, una enfermedad o una pérdida son la muerte en persona, aunque sigan vivos y aquí.


Me temo, amigos, que su relación con la muerte en general es distante y prejuiciosa. Quisiera que siguiéramos construyendo un vínculo con ella que reconozca lo benéfica que es, y que elogie sus alcances a nivel espiritual cuando ustedes se abren a los talentos supremos que ella posee.


Tengo un amigo que se vio cerca de la muerte definitiva hace unos días. Ayer regresó a casa, y sé que puede sentir que renace lentamente. Su enfermedad aún lo acompaña, pero para su sorpresa, todo parece haber cobrado un nuevo orden.


Trataremos aquí de recordarle a él, y a todos ustedes, que la muerte, o las muertes, son aliadas de la transformación. Buscan ellas traer consigo cambios profundos, abismales a veces, y lo más comprensible es que ustedes sientan resistencia, dificultades, molestias. Sin embargo, es bastante sano también que sientan agrado, liberación, cierta paz.


El agrado ante la muerte, por ejemplo, viene del deber cumplido, del amor entregado, de la apertura a cambios indeseados, de la disposición ante la vida de entenderla y respetarla. La paz de la muerte es una indiscutible, puedes sentirla en la solemnidad de lo que cambia. Y hay mucha liberación, más allá del evento mismo, cuando una persona logra acoplarse a ese cambio y perder de paso algunos atavíos de los que estaba padeciendo.


Es que tiene tal poder la muerte, que puede traer sus beneficios incluso alrededor. En el sepelio de mi amigo Pedro hace unos días, era fácil sentir cómo las personas más bien se dirigían a la inspiración que Pedro fue, que al dolor o al enojo por su accidente. Claro que lloraban, claro que les dolía, pero había construido Pedro una vida tan recta y libre que hasta su muerte fue así, sin tormento, sin merodeos, y liberadora para un espíritu que ya estaba preparado para volar.


Cuando la gente evita hablar de la muerte, tratarla, prepararla, me lamento mucho. Se dicen que no a una parte esencial de la vida, se rehúsan al dolor, al miedo o a la molestia que ya deciden sentir, y se enmarañan en prejuicios y temores que rara vez son realidad cuando la verdadera muerte llega. 


En este momento mi amigo Felipe está viviendo una muerte de esas parciales. Fue diagnosticado con una enfermedad neurológica, que hasta ahora incipiente, ha sido precisa en amenazar su sensación de poder y control. No se imaginen por favor a un Felipe dominante o supremacista, hablamos de un amigo severamente dulce y apasionado que se repuso a la vida empuñando el dolor y parándose sobre el fracaso para llegar muy lejos.  


La enfermedad de Felipe viene a marcar la muerte de ese dolor y ese fracaso de hace muchos años. Ella quiere obligar a Felipe a reformar su identidad hacia una libertad más auténtica, que no dependa de demostrar nada a nadie, que le recuerde constantemente que él mismo ya esta convencido de su grandeza. 


Quien sale de la muerte, o inicia una vida junto a ella, tiene pocas posibilidades en lo que a fallarse se refiere. A partir de lo que ha vivido, o sigue viviendo, alguien que enfrentó alguna muerte ya vio la vida pasar ante sus ojos, demostrarle su poder, e invitarle a seguir de un nuevo modo.


¿Quién dijo que esa invitación es sencilla?, ¿quién dijo que los seres humanos son naturalmente valientes para dejar morir? El corazón humano no solo es apegado a la vida como la conoce, sino que tiene este impulso protector con el que a veces se equivoca. No protejas amigo una vida que necesita cambiar, asústate, es normal, pero avanza echando el susto al bolsillo de una manera ambiciosa. 


Te adaptarás. La adaptación es a mi gusto la virtud humana esencial. Lamentablemente, las comodidades que han desarrollado con el tiempo los han convencido equivocadamente que todo debe ser placentero. La muerte no tiene que ser placentera, ya que está hecha para lograr los cambios más radicales, pues moverá necesariamente a alguien sacándolo de alguna comodidad no tan provechosa.


Entonces te fallas ante una muerte si te detienes a voluntad, si te empeñas en congelar el progreso del tiempo y el efecto del movimiento que ella causó. Te fallas si esperas sentirte cómodo muy pronto y para ello despliegas medidas contrarias al cambio profundo. Eso lo puedo ver con frecuencia, pierden algo y corren a suplirlo, a encontrar un sucedáneo por falso o perverso que este sea. 


Felipe, con la afectación de su fuerza, puede refugiarse en la autoridad que le da su posición actual y abusar. Claro que eso podría hacerlo sentir poderoso de momento, pero devastaría el propósito mismo de la pérdida de fuerza, que es el de introducirlo a lo sutil de la vida, a la transformación elevada de su psique, al perdón del pasado y la validación de sí mismo a partir de sus logros más elevados.


Quien regresa a la vida después de un evento casi mortal, puede regresar para enloquecerse de vida, para desbordarse y compensar. Eso no resulta bien, claro está, pues surge allí una suplantación del propósito. Puede que entiendas que si tu vida estuvo cerca del final entonces debes vivir aún con más intensidad y placer de como vivías antes del evento. Sin embargo, rara vez ese es el cometido, cuando la muerte se acerca y te abraza está queriendo llevarte a un nuevo lugar, si vuelves a tu pasado acentuado estás dirigiéndote a ella con el gesto infantil de sacar la lengua y fruncir el enseño.


No te recomiendo hacer caso a omiso a esas experiencias, de pequeñas o grandes muertes infranqueables. En todo caso están ahí para darte algo grande, no lo desprecies. Abraza el cambio que es grande y difícil. Algo lo está tratando de facilitar, una fuerza suprema trata de ayudarte. Sé astuto y aprovecha 😉".


PD: cuéntanos, si te animas, esa muerte parcial que te quiso transformar recientemente. Leer historias mueve poderosamente los corazones incautos ✨

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Olga Castaño

Comparte, la magia se transmite uno a uno

Comentarios (6)

Nos encantaría saber lo que sientes y piensas con este dictado, comparte tus experiencias o preguntas, sugiere nuevos temas.

Marcela
Ufff que escrito tan profundo, es una respuesta a lo que ha venido divagando en mi cabeza. Vemos la muerte como algo tan solo físico, y en realidad hay que dejar morir nuestras viejas versiones y renacer con propósito, con un legado. No podemos seguir en el círculo vicioso que nos llena de miedos, creencias limitantes y repitiendo la misma vieja versión que no nos dejan avanzar. Es hora de un cambio, y de ver la muerte con un significado diferente. ya que la estigmatizamos y cuando ella quiere mostrarnos su nueva versión sentimos miedo porque tememos que se presente de la manera que nos la enseñaron. Yo hoy la recibo con amor, entregando y muriendo a mis viejas versiones y deseando lo mismo para los míos y dándole la bienvenida a los nuevos renacimientos 🙌🏻🫶🏻

2024-12-09 10:23 pm

Olga Castaño
Gracias, por adueñarte del dictado, por vestirte con él, por ponerte una tarea, por acogerlo. Cuando logramos que la transformación sea un anhelo en vez de un miedo, la vida despierta y dan ganas de seguir, llega el arrojo, la valentía, incluso la a veces esquiva determinación.

2024-12-10 07:11 am

Diana
Este año la Muerte tocó mi puerta de vida, no se me presentó como una muerte física, pero si como muerte de creencias, muerte en ver en el otro lo que yo imaginé y poder verlo como realmente es, fueron duelos complejos y duros pero creo con firmeza que esta muerte ha traído como regalo la libertad de mi misma, la libertad de una magia que creía no era para mí, la libertad de creer en mi misma. Mil gracias por este dictado 💕

2024-12-10 07:36 pm

Olga Castaño
Que la muerte sea una costumbre, una amiga de esas con la que solemos tomar el café cada semana. Si esta muerte que acabas de enfrentar trajo cosas buenas, que la siguientes traigan más y más cada vez 💫

2024-12-13 12:50 pm

Adriana C.
Pienso en la muerte de la relación con mi madre y con mi familia. Ha venido sucediendo hace un tiempo, pero lo he sentido con consciencia este año. Me refiero a una muerte en donde me "desidentifico" del nido familiar, de la manera en como crecí y me formé dentro de el. Ahora me siento en el vacío y en paz, construyendo mi propia identidad y los pilares de mi nido. Siento que nada será como antes y que no hay vuelta de hoja. Ha sido una muerte transformadora.

2024-12-12 08:01 am

Olga Castaño
Gracias Adri por tu historia. La muerte simbólica de la madre es una muerte poderosa. Implica un desarraigo que puede doler de momento, pero libera. Ánimo quienes la tienen pendiente, no dañarán a la madre, al contrario la liberarán también a ella de la responsabilidad de ser perfecta para ustedes ✨

2024-12-13 12:53 pm

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DESPERTAR ESPIRITUAL
“Este muchacho de quien les contaré ahora tiene diecisiete años, recién empezó la universidad, y los primeros brotes de bigote ya hacen un escándalo en el espejo. Según nosotros, los del cielo, Simón está listo para su despertar espiritual. Es decir, invitamos a Simón a sentirse profundamente, y a sentirnos. Resultó que el pasado fin de semana mi joven amigo estuvo solo en casa durante veinticuatro horas, hasta salió de rumba por su cuenta, y despertó para él mismo sin interrupciones al siguiente día. Y claro que aprovechamos esa oportunidad. Ya venimos caldeando este paso. Su madre ha sido mensajera para él en distintas ocasiones comunicándole nuestras recomendaciones, y hemos promovido un diálogo familiar en el que es normal mencionarnos. Diría que tenemos un puesto en la mesa, que bailamos junto a ellos en las fiestas, y que por poco elegimos qué ver en la tele las mañana del domingo.El muchacho, apreciando los dones de su madre, ha decidido que él también quiere conquistar esa comunicación. Nosotros lo estuvimos preparando, ayudándole a encontrar el foco, y facilitamos que su atención se dirigiera a ciertos elementos claves que confluyeran en este episodio que les contaré. A este joven no lo espera algo escabroso, pero así me siente ahora. Tampoco algo fantástico, y así es como le gustaría asimilarme. En cambio, procuramos hacerle experimentar la grandeza y la enorme oportunidad de descubrir un mundo nuevo, uno fuera de su ya extendida imaginación. La pequeña casa que Simón habita es un lugar capaz de hacerse sentir. Me refiero a que es un espacio cargado del efecto de los eventos poderosos que allí han circulado. Es por eso que él prefiere no mirar la habitación del fondo cuando se dirige a la cocina, o mira de reojo la pared del fondo de la sala e imagina todo tipo de asomos por los rincones ya difuminados por la oscuridad.Antes, al estar solo en casa, cerraba la puerta de su cuarto y con todas las luces encendidas evitaba salir. Este fin de semana se dio cuenta que podía pasar casi casi desafiante, eso sí, nadie dijo que sin miedo. Es que el día en el que te ves diferente frente al miedo, todo puede suceder. Por alguna razón que Simón aun no comprende, ese día a solas en casa representó un gozo especial, inexplicable, liberador, pero también inquietante, fascinante. A la mañana siguiente, ya con mamá en casa, el muchacho narró como de costumbre los detalles de la experiencia. Esa mamá, que me sabe escuchar, puso algunas preguntas o inquietudes en la conversación que le pedí estratégicamente. Lo que el muchacho iba encontrando construyó para él mismo lo que quiero llamar hoy su despertar.No me ha visto, no al menos a sus ojos, según yo, sí. Tampoco me ha escuchado, eso cree él. Pero lo que ocurrió es que construyendo sentido de lo que vivió comenzó a responder con sabiduría inesperada lo que lo vincula a esos rincones, lo que sin saber puede estar percibiendo, y su papel cuando se debate entre el miedo y la atracción. Ahora es cuando les digo, les recuerdo, cada uno encontrará su despertar a su manera, según su vínculo, su llamado, y lo que puede permitirse o no. Esta historia quiere compartirles la verdad sobre un caso, y me gusta mucho que cada uno sea un caso maravilloso.Cuidado, no te sientas mal por la edad, eso no es algo que cobre mayor relevancia. Cada uno tiene su momento, su propia maduración espiritual. Lo que deben saber ustedes es que, a favor de Simón, la madre ha hecho un trabajo deliberado de mi mano para prepararlo. Ella lo ha formado con sus propios errores, con su personalidad, con sus temores, y con mi guía. No crean que todo ha sido perfecto o mágico, han tenido momentos demasiado humanos, retos, dificultades, tropiezos, miedos por supuesto, y contrariedades con el mundo.Pero hoy, ahí sentados en la sala, se ven emocionados descubriendo que Simón comienza a estar preparado para establecer su vínculo profundo con la vida ahora directamente. Un descanso para la madre (eso cree ella) y un reto para el muchacho, al menos un reto para su mentalidad.Desde aquí todo se ve sencillo y fácil. Yo sé cómo manejarlo a él. Su carácter noble me facilita las cosas, y su mente imaginativa bien será aprovechada por nosotros para sembrar algunas pistas estratégicas que lo conduzcan a encontrarnos justo donde es mejor que nos encuentre.Él está maravillado, se siente aliviado de su búsqueda profunda, y también quiere llevar esto al máximo, como le gusta vivir. Tendrá que ser muy paciente, lidiar con las ambigüedades de esta educación, pero su entusiasmo nos hará bien para propiciar pruebas que pueda gozar y temores que pueda superar. No lo entiende, no lo va a entender por un buen tiempo, pero el muchacho acaba de darnos su permiso para formarlo. No tiene idea a qué se ha matriculado, pero tiene la astucia de sospechar que por difícil que sea, esa formación le conviene. Le convendrá a muchos. Lo que el chico aprenda será semilla para cientos, de eso me encargaré. Mientras tanto les cuento que no habrá necesidad de elogiarlo o hacerle reverencia, él es uno más de muchos otros que ese mismo día estaba recibiendo el llamado, la simple diferencia es que lo supo responder.Amigo lector, no necesitas una madre que cuide tu desarrollo espiritual, no es indispensable, lo que sí necesitas es una figura de protección y guía, encuéntrala, encuentra un maestro. El desarrollo espiritual, aunque íntimo e individual, es un viaje profundo que ningún humano es lo suficientemente valiente como para hacer solo. Se necesita respaldo, soporte, una cuerda de la que tirar cuando el camino asuste mucho o las amenazas no se entiendan.Esa guía, ese acompañante discreto, ayudará también a asimilar como real el mundo espiritual. No importa que ya superes los sesenta, o los treinta, o los cuarenta. Si no aprendes a reconocer quien es tu soporte espiritual, no sabrás a donde mirar cuando los eventos te superen, no sabrás que mano sostener, y mejor saldrás del camino para sobrevivir. Ese guía, esa madre espiritual, o ese acompañante, no tiene que ser una persona diez en todo, un perfecto, alguien que siempre acierta. Tu soporte espiritual a veces es incluso alguien menor en edad, por ejemplo, pero cuya presencia en tu vida es puente entre este mundo material que ahora habitas y un mundo más allá. Si su sola referencia es una mano que agarrar, pues ya lo tienes. Y atención, no tienes que tener un solo guía, hay gente especializada en buenos consejos, otra en buenos ejemplos, y otra en actos maravillosos. Estira la mano según el caso, según el reto, según la necesidad.En la historia de Simón habrá mucho que contar. Quizá su caso le sirva de guía a madres de futuros jóvenes, o de inspiración a quienes ya son jóvenes y su corazón se mantiene receptivo. A los corazones poco receptivos que a veces me leen, me gusta decirles que siempre estamos atentos, alerta ante cualquier guiño de interés o de apertura. Siempre es buen momento, siempre el espíritu está joven queriendo aprender, y nosotros siempre estaremos disponibles. La próxima vez que Simón me sienta en su casa, o fuera de ella, volverá a sentir temor, en eso aún es un niño, pero también sentirá el llamado a ir más allá, en eso satisfactoriamente es el niño que mantiene viva su curiosidad profunda. Acompáñame, amigo lector, en esta búsqueda de inquietos, presencia lo que la inquietud espiritual puede lograr, y anímate, cuando sea tu momento, a darle libertad a tu inquietud, a la curiosidad de descubrir qué más hay para ti, en dónde está tu sentido más profundo de esta realidad”
ESTRUJANDO A SOFÍA
“¿Será coincidencia que se llame Sofía? Les hablo de una amiga con quien conversamos de vez en cuando en torno de un tema esencial, la resistencia de sus ideas. Ella sabe que necesita dar un paso, pero se devuelve justo cuando ya tiene el talón en el aire. Puede ser porque perdió su pierna, puede ser porque se siente en el aire si no se aferra a lo que piensa, puede ser incluso porque ella no necesita las piernas para avanzar y mejor necesita aprender a desvanecerse toda. Perder una parte es algo realmente difícil de superar, más cuando en ese vacío habitan tantos dolores o pendientes. Por eso quiero hoy invitarla a dejarse estrujar, mi niña no sabe lo que la espera si se suelta y se eleva de ese piso por el que a veces casi arrastra sus pesos. La quiero liviana, deseo que ella tenga más libertad, y no lo logro porque se apega a sus ideas como ladrillos arrojados en un lago para sostenerse en el fondo. Ya me ha dicho muchas veces que se cansa de tanto pensar, pero vuelve a hacerlo como si no conociera otro mundo, y es que tal vez no lo quiere conocer. Querida Sofía, ¿de verdad quieres un nuevo mundo para ti? Como ella tengo otros amigos: Andrea, Carlos, Mauricio. A todos ellos tengo que pedirles permiso para opinar, yo, que soy la voz de la vida, debo según ellos litigar los llamados, casi que arrodillarme para pedirles que progresen. Sé muy bien que ese encierro en sus viejas palabras nació del miedo, de la educación, o del escaso cultivo de su espíritu; pero amigos, es hora de dar un paso evolutivo. La verdad de la vida renace constantemente, ella permite incluso ser reinventada, crear maneras personales de narrarla. Por favor intenta tus propias explicaciones de la vida, y reinvéntales cada tanto. No seas aburrido contando las mismas cosas de hace diez años, actualízate, desvanécete entre hallazgos más esenciales y libérate de los detalles pétreos de los que te anclas solamente para hacerte más lento. Si Sofía se dejara estrujar vería su libertad a unos contados segundo de ella misma. Quiero decir, liberarse no es una cuestión tesuda, de sacrificios, liberarse se trata de dejarse mover. Al contrario, el verdadero esfuerzo es no permitirlo, hay mucho desgaste en sostenerse de lo viejo, en quedarse atrapado por cuenta propia, en apretar las correas que sostienen lo conocido para resistirse a avanzar hacia lo nuevo. Es que otra vez el miedo juega con ustedes, y ustedes participan complacidos. Temen sentir, evitan la adrenalina de la vida, se guardan de cambiar de opinión, de mirada, de estilo. Amigos, déjense estrujar, eso que tratan de preservar es algo que más bien están necesitando perder. Ella perdió su pierna, ya sabe de pérdidas. Esta pérdida a la que la invito es una dulce, que puede además ayudarle a sanar la belleza inesperada que ha traído ese cambio, que puede darle la luz que le ha faltado para identificarse más con su poder y menos con lo que el mundo espera de ella. El mundo espera dos piernas Sofía, enséñale por favor que una sola es suficiente para alguien como tú”.
LA BELLA OSCURIDAD
"…enfrenta la luz a través de los matices de la bella oscuridad capaz de demostrarte cuando te equivocas…Desglosemos esa frase. Es lo que las frases profundas esperan hacer, causar una reflexión donde cada quien encuentre su sentido profundo, su propia revelación.Tomamos esa frase de un dictado escrito para una amiga que se encuentra enfrentando algunas condiciones médicas, y que se enfada por tener que practicarse exámenes o por lidiar con las recomendaciones médicas que encuentra un tanto molestas.Estuve tratando de explicarle que algunos caminos entrañan destinos inesperados. En realidad yo espero que ella encuentre más gusto por cuidar de sí misma en medio de los estudios, que se reconcilie con la responsabilidad implícita en poseer un cuerpo como vehículo, que encuentre incluso cierta gracia en el deber de responder a las leyes de la biología.No es que mi amiga sea huraña, al menos no mucho. Ella se siente cansada, le parece que la vida exige demasiado, y yo al final solo trato de mostrarle que más bien es ella quien se lleva al límite en cada situación tras el objetivo de dar lo máximo de sí misma. Ella, atención, da lo máximo esperando que al fin las cosas se pongan en balance y logre corregir el margen de error que todo parece poseer.Bueno, no es que ella no sea generosa, es que a pesar de la experiencia que tiene no se da cuenta aún de que mucho de lo humano es vivir sobre el error, el propio y el ajeno. Gran parte de mis amigos juiciosos padecen esa realidad como un tormento. Hasta se pelean con la vida porque no se deja corregir. A ellos suelo enseñarles la generosidad más fácilmente a través de su propia compasión, porque mostrándoles la realidad no acaban de aceptar la condición esencial humana del aprendizaje.Está bien, acepto que ella es un poco terca. O dicho de otro modo, poco inteligente para aceptar lo que no le gusta o no ha considerado. Y eso lo entiendo tan bien que le regalo toda mi paciencia. Ahora, si me quedo esperándola se va a perder de la oportunidad de avanzar respecto a ese aprendizaje preciso. Así que mejor la llamo, le demuestro con la realidad que puede hacer las cosas distinto y eso no está mal, que se puede acomodar.Cuando llega a los consultorios yo estoy detrás de ella, estrujándola un poco para que sea amable y se abra. Dado que tiene conversaciones tan eficientes con los médicos, ella no deja espacio para mostrar su sensibilidad o para que el tratante se compadezca de su coraza. Al contrario, lo que suele propiciar es un diálogo puntual y somero que, entenderán, al final aumenta su sinsabor sobre la experiencia.Me queda en definitiva el recurso de las dudas. Dudas gloriosas. Ella se asusta por la posibilidad de un diagnóstico complicado, se frunce, hasta se plantea no continuar con la investigación. Y me reclama cuestionando el para qué la pongo en todo eso.Por eso escribimos su carta, para explicarle que es justamente a través de los procedimientos de diagnóstico y seguimiento como mejor puedo demostrarle que no necesita estar seriamente enferma, solo necesita prestar atención y dar el brazo a torcer sobre la evidencia de que es frágil, que habita un cuerpo lleno de vida fuera de su control, que no es una máquina, que no está aquí para que todo salga bien.Quise llamar este movimiento para ella «la bella oscuridad». No solo porque así lo asimila, como un momento de oscuridad incómoda, sino porque nada hace más hermosa y evidente a la luz tenue y sagrada como la sombra. Quiero que ella tenga la delicadeza de sentirse privilegiada por esta aquí viviendo esta vida de susceptibilidades y altibajos. Quiero incluso que lo pueda disfrutar. ¿De verdad consideran que tiene sentido disfrutar solamente lo que sale bien o lo que luce perfecto a los ojos del anhelo? Qué hay de quién no disfruta el arrullo de la compasión, el calor de una almohada de carne y hueso en momentos de debilidad, o la dura realidad que trae hermandad y regocijo.Yo puedo explicarle entonces a mi amiga de la carta que espero que ella sueñe un poco más con las sombras como parte esencial y natural de la vida, casi como la base. Y ella, lo sé, seguirá peleándose con esa idea. Por fortuna, la idea no responde a la pelea, y yo me ocupo de seguirle demostrando que no se trata de tener la razón o discutir cómo tiene que ser la vida. Todo lo que anhelo es verla reconciliada con una realidad infinitamente más grande que su capacidad de comprender.Cuando ella acepte que no tiene cómo asimilar por completo la manera profunda y enigmática en que funciona la realidad, yo estaré satisfecho. No me interesa tanto que no tenga dudas o que lo acepte con buena voluntad, todo lo que quiero es que deje de sufrir tratando de corregir lo que no necesita ser corregido, que se ahorre trabajo teniendo que perdonar lo que no amerita perdón, que sueñe mejor con una realidad adaptada y comprensiva, que supere al fin esa rigidez de pensamiento donde ella se pone en segundo lugar bajo la convicción de que esa es una estrategia exitosa.Resulta amigos que enfermarse no solo permite recibir lecciones contundentes, a veces enfermarse sirve para domar el carácter, para ganar humildad, o simplemente para recordar que no gobiernan su vida como lo imaginan.Así que la próxima vez que se enfermen, que necesiten aquella almohada o aquel arrullo, tomen aire para suspirar por un aprendizaje implícito que bien pueden recibir con armonía".
Y ¿PARA QUÉ CREER?
"No sabes cuando alguien se encuentra en su momento íntimo conmigo. No sabes cómo alguien particularmente se conecta. Puede que sea cocinando, entreteniendo la mente con un juego simple, o caminando por el bosque. Cada quien tiene su modo personal, y este es el de Juan, ir a su terraza temprano en la noche para conversar. Es que su terraza le brinda una vista única de las estrellas, una incluso mejor para él que la del observatorio en el que trabaja.Le gusta más mirar al cielo desde su hogar porque ahí no estudia la física o la astronomía, ahí Juan me habla a mí. Y lo mejor es que yo le respondo. Él me escucha en sus sensaciones, en su suspirar, y en una claridad inesperada que alcanza cada vez que se dispone a sentir el eterno mundo en el que se encuentra.Cuando Juan recuerda las infinitas posibilidades entonces se enchufa a su verdad. Eso ya es un hábito, que siendo para él algo natural, para mí es un milagro. Sí, yo también me sorprendo, yo alcanzo la dicha cuando alguien logra encontrar su modo.Los modos cambian, son naturales, espontáneos. No funcionan los modos copiados a menos que los adaptes a tu sentir. Y Juan es genial para inventar sus maneras.Para algunos de quienes se dicen creyentes, inventar es un irrespeto. Para mí es una oportunidad maravillosa. Quien juega con su imaginación sobre mí o sobre el mundo espiritual, goza de infinitas posibilidades y eso lo sabemos aprovechar bastante bien.Cuando era pequeño, Juan me dejaba piedritas. Era un juego simbólico para él en el que se aseguraba de que yo lo persiguiera, «por si me pierde», decía. Claro que yo no necesitaba las piedras, que jamás pierdo a Juan, pero ese juego era una verdadera alegría para mí porque así Juan me tenía presente, confiaba, y hasta se sentía respaldado.Ahora que está casado, que tiene una familia, Juan sube a la terraza para mirarme en el infinito y decirme que está confundido. No usa las palabras, eso me gusta, solo me muestra su cara y me toca en el viento. En cuanto cierra los ojos y se entrega, siente la respuesta, que tampoco son palabras. Suelo decirle a Juan cosas como: suéltalo, o cambia de actitud, o deja de insistir en tal cosa. Incluso a veces me permite insinuarle temas diferentes a los que lo motivaron a subir, pero que son pertinentes, prioritarios. Una noche en particular, Juan vino para quejarse de su hijo pequeño, que estaba rebelde, y su profesora insinuaba algunas complacencias innecesarias en casa. Juan subió, como de costumbre, para recibir claridad, pero yo le di un giro a nuestro encuentro de esa noche, y le hice sentir cierto temor en la barriga.En vez de hablarle del niño, le hice caer en cuenta de que su ansiedad estaba regresando, ahora en forma de cierta obsesión por el ejercicio. ¿Que cómo hice eso? Estando ahí parado, con la cabeza hacia atrás, tuvo tremendo calambre en la espalda.Él se ríe cuando pasan esas cosas, sabe bien que ese es nuestro momento, y hasta me mira como si lo hubiera pellizcado. Rápido Juan entendió mi cometido, y de paso admitió que su niño también estaba teniendo asomos de ansiedad que lo conducían a un comportamiento inquietante digno de atención.Esa noche nuestro encuentro duró poco, porque Juan bajó corriendo para aprovechar a su hijo antes de la hora del sueño.Eso me gusta de Juan, utiliza nuestras conversaciones para actuar. Él no corrió a arreglar el mundo del niño, fue a mirar, eso quise, que solo mirara. Ese día nació un hábito en el que se miran en el espejo del otro, a veces contemplan sus diferencias, a veces comparten fracasos como dos niños inocentes que son, aprendiendo del mundo que se mueve dentro de ellos.Ya la profe dejó de quejarse, bastó una mirada de Juan cuando dejó a su hijo en la siguiente mañana. La mirada de Juan decía: tranquila, estamos trabajando en eso, nos estamos implicando.Creas o no, te acompaño, te enseño, al menos trato, y si me dejas, te guío. Búscame a tu manera, si ya tienes una que crees que funciona, observa si allí me logras sentir. Entonces sabrás que quieres un poco más, y yo también.Nos vemos entonces en tu terraza, en tu ventana, en tu cama, en tu silla favorita, o en tus paseos, donde mejor te sientas dispuesto para mí".
LA FAMILIA VALBUENA
“La rabia engorda, hincha los problemas, extiende el sufrimiento. Voy a contarles de una familia cercana cuyo defecto familiar es la rabia, tú piensa en el defecto de la tuya y juguemos a dimensionar lo que esa herencia ha causado. Los Valbuena provienen de las montañas más lejanas, gente campesina, muy trabajadora y leal. Salieron de la pobreza a punta de sudor y lágrimas, el sudor de los hombres y las lágrimas de las mujeres. Machistas hasta agotar descripciones los héroes de sus historias siempre fueron los señores; las mujeres fueron madres, cuidadoras tenaces y trabajadoras silentes cuyas lágrimas llegaron a estar ocultas incluso a ellas mismas. Obligadas al sacrificio por el bien del hombre las Valbuena aprendieron a guardar la frustración, pero con tanta fuerza en la sangre esa frustración se convirtió en enojo, uno que acumulado construyó una profunda rabia de no poder ser ellas mismas. La abuela de este brazo de la familia era de las menores de sus hermanos, entre consentida y salvaje; recibió bastante rejo de parte de su madre por desobediente y cierta indiferencia complaciente por parte de su padre. Se fue formando así una mujer furiosa por no poder ser ella misma, hubiera ido a la escuela si le respetaran las alas y máximo hubiera tenido un hijo. La exigencia en ese entonces era casarse rápido, trabajar sin quejas y recibir los hijos que la naturaleza surtiera. Vivió Soledad cerca de 19 embarazos, cada uno en más pobreza que el otro, pero recuerden, el héroe sería el papá quien cultivaba la papa para paladear; las cosas del hambre, atiende lo apremiante y serás famoso, atiende lo invisible y eso serás. Quisiera decirles que las cosas han cambiado en esta familia tras dos o tres generaciones pero la intención de mi historia es justamente hacerles ver lo mucho que el dolor logra extenderse a sus descendientes cuando no se aprende a enfrentar. Soledad fue tan rabiosa que sembró en cada uno de sus diez hijos la rabia; desayuno rabioso, almuerzo ofuscado, cena de venganza. Todo lo que la frustración de una mujer puede soportar. Sus nietos ahora son padres y hasta abuelos, como el machismo aún domina son las mujeres quienes siguen extendiendo ese enojo y sus frustraciones solo se han moderado. Obedecen a las reglas de antaño sin darse cuenta, son tan rígidas como la abuela se hiciera para sobrevivir a su tragedia, y ahora medianamente luchan con ese sentimiento devastador que es la rabia fácil y sin mucha claridad de dónde viene. La gente con rabia transmite rabia, reacciona con rabia, incluso revienta de rabia de vez en cuando contra sí misma, eso aprendieron mis muchachas de esta generación, a tolerar poco, a frustrarse mucho y quedarse con el sentimiento, a sufrir calladas y hasta negarse que sufren. Son ofuscadas, aceleradas, controladores, mandonas, y tercas como ellas solas.  Pobres mis niñas, ni siquiera son conscientes que es algo que pueden arreglar, que les daña la vida y las envejece, que les hace perderse del amor bonito. Eso sí, se hicieron tenaces, en la medida en que vino la educación las nuevas generaciones han ido conociendo el mundo y viendo otros modelos, se han liberado hasta donde pueden comprender. Lo triste de esta historia es que las Valbuena de ahora establecieron la rabia como una especie de poder, un arma para defenderse de las fuerzas que las quieren dominar, como si eso funcionara en verdad. Son rabiosas pero tan dispuestas a todo por su rasgo trabajador que terminan cediendo refugiadas en la rabia, mejor dicho siguen sacrificándose en alguna medida para después consolarse con el enojo. Amigo que lees este dictado, también es tu responsabilidad superar el machismo, no le hablo solo a los hombres, ustedes mujeres están tan convencidas de algunos órdenes de las cosas que hasta tratan de tener la fuerza equivocada de los hombres inconscientes, cuídense por favor de la inconsciencia, comiencen por ahí. La rabia mis chichas se supera con consciencia, prestando atención a los errores que implica. Su fuerza verdadera no es la ferocidad o lo astutas que se han hecho, su fuerza principal es un espíritu grande y libre que las invita a ser ustedes mismas, singulares, abiertas, descaradamente independientes y autónomas. Esas mujeres Valbuena son las que estamos tratando de despertar, reciban esta invitación como una muestra de que cosas buenas ya vienen pasando en ese sentido. A las Castro que padecen de melancolía, a las Morales que deben enfrentar el rencor, a los Toro que habrán de superar las pobrezas, en fin, a los sinos familiares, les digo que se puede, que ese es el llamado, casi la misión familiar, aliviar las penas desde la gracia de encontrar algo maravilloso con que reemplazarlas. Si les cuento un secreto me prometen discreción, las Valbuena son mandonas pero pueden ser buenas jefes, son intensas pero es difícil ver cansada a una Valbuena, y su amor es poderoso, hacen mover al más perezoso y progresar al más descuidado.  No desfallezcan en sus búsquedas, algunos de ustedes serán los primeros en romper un sino familiar y eso requiere tenacidad, no lo hagan por su familia para comenzar, háganlo para desvanecer esas ataduras invisibles de las generaciones precedentes y poderse disfrutar mejor a ustedes mismos. La realidad los va a obligar, de eso se trata un defecto, que causa tanto daño que llegan a cansarse de él, o se hacen los de oídos sordos o vencen para su propia felicidad”.