DEJA DE MEDIRTE

Creado el: 2022-02-26 10:12 am

Historias

“Me encuentro a menudo con gente pidiendo ayuda para lograr cosas que no le pertenecen, las anhelan porque alguien más las tiene y parece disfrutarlas o incluso ser feliz gracias a que tiene eso en particular. Debo decirte mi amigo que estás lejos de saber lo que te pertenece cuando anhelas algo solo porque a alguien más le hace bien.

 

Este regaño, mezclado con estímulo, espera demostrarte que tus propias necesidades dependen mucho más de cuanto te reconoces que de cuanto te reconocen. 

 

Han creado un mundo donde el reconocimiento está sobre estimado, conozco bien sus utilidades, los enfoca, los hace crecer, les permite ver lo bueno de ustedes mismos y hasta los alienta a avanzar, pero de ahí a que el reconocimiento sea un objetivo en vez de un medio lo tendríamos que discutir.

 

Puede que simplemente te hayas quedado enganchado al reconocimiento cuando en principio cumplió una función fundamental de sacarte de una mala idea de ti mismo, pero cuidado con haberte quedado en alguna dependencia, en algún pequeño matiz que te sigue haciendo buscar maneras de ser reconocido.

 

¿Has visto a las mamás dando recompensas a sus hijos tras alimentarse bien?. Entonces imagina que esa recompensa se adelanta, que la mamá da a su hijo una recompensa antes de la comida para motivarlo. Solo por satisfacción el niño ya no va a comer. Algo así ocurre con el reconocimiento, lo conoces por un logro, algo que hizo bien a los demás o que causó sensación; luego irás encontrando los atajos, si te lo permites, a recompensas que vengan fácil, sin el logro. Dejas de crecer tú para dedicarte al placer de ser reconocido.

 

Hablemos entonces de tu propia capacidad de reconocerte, es decir de saber primero lo que sí necesitas para así buscar el resultado que te hace bien. Pregúntate por ejemplo si eso que esperas recibir, amigos, pareja, atención, es lo que necesitas, o la verdadera necesidad subyacente es la de abrirse a la vida, a la gente que no es como esperas.

 

Ese dinero que aseguras te resolverá los problemas que tienes ahora, ¿es algo que necesitas en primer orden?, o primero hay que organizarse y enfocarse en generar más recursos.

 

Sé que están acostumbrados a recibir, que tal vez es el anhelo más frecuente, pero amigos, la vida de los deseos es una rueda, hay que moverla, hay que aportarle fuerza y movimiento para que ella entonces les traiga las gracias que sueñan. ¿Cómo mueves la tuya para que funcione?, ¿o más bien eres de los que se sienta frente a ella esperando que arranque sola porque es lo que mereces?.

 

Ahora, cuando identifiques una verdadera necesidad aférrate a ella, porque una necesidad auténtica trae cifradas sus propias instrucciones. Me refiero a que no tienes una necesidad sin las capacidades para suplirla. Hablemos del progreso por ejemplo, quieres progresar, lo sientes en el corazón, ves a tu estrella caer despacio a tu lado pero no acaba de aterrizar. Permite que ese lento movimiento desglose desafíos y oportunidades.

 

Para despedirme les contaré una historia. Tengo una amiga que quiere progreso, pero ella piensa que quiere dinero. Así que me dice: ¡bueno, muéstrame el camino!, ¡hagámoslo fácil!. Yo la miro, me siento y sonrió, lo último que quiero para ella es dinero vacío, frío, la quiero tan conectada con lo material de la vida, con sus gracias, que espero que se de cuenta ya muy pronto que no estoy esperando a que trabaje por conseguir dinero, que lo que ya estamos haciendo juntos es gozando de la taza nueva, de la pequeña remodelación, del almuerzo sofisticado. Cuando ella acabe de entender que el dinero es un medio, así como el reconocimiento, entonces podré ayudarle a ganar más, por ahora solo haría lo que algunas mamás hacen, comprar el helado antes del almuerzo”.

Profile

Olga Castaño

Comparte, la magia se transmite uno a uno

Comentarios (10)

Nos encantaría saber lo que sientes y piensas con este dictado, comparte tus experiencias o preguntas, sugiere nuevos temas.

Andrea Roldan
Olga es lo máximo tiene una energía sin igual ... su esencia llena de magia todo 💚

2022-02-27 08:31 am

Olga Castaño
¡Plop! ¡Mua! ♥️

2022-02-27 10:07 am

Ricardo Grisales
Muy hermoso Olga. Reconocer lo esencial como lo más valioso. Un abrazo.

2022-02-27 11:18 am

Olga Castaño
Gracias Ricardo, sí, lo esencial como el verdadero punto de partida. Abrazos.

2022-02-27 01:37 pm

Mary Portilla
Reconocer lo auténtico para aprender a desear lo que si se necesita, que tarea en medio del ruido gracias!

2022-02-28 10:15 pm

Olga Castaño
Con mucho gusto la bella Mary. “Suelen necesitar menos de lo que piensan, pero a veces necesitan cosas fundamentales que no atesoran, como la paz y la confianza; necesidades que hay que esmerarse por atender”.

2022-03-01 08:43 pm

Adriana C
Mucha sabiduría (como siempre) y llamados atención llenos de gran !bondad!. Todo el tiempo nos invitan a ser excavadores de nuestra propia autenticidad. En ocasiones, cuando tenemos que pensar en una idea sobre cómo sería nuestro propio paraíso, corremos el riesgo de autoengañarnos con ideas sobre una felicidad o un logro que realmente no es nuestro. A veces nos encontramos también con esa especie de vacío y temor al darnos cuenta de que lo que creíamos que nos gustaba no era tan real. Ese es un paso importante de ir haciendo la tarea para recibir nuestra recompensa. Re-construirnos es una misión permanente.

2022-03-02 08:19 am

Olga Castaño
“Describes el viaje como si estuvieran solos, aprecio la oportunidad para decir que pocas veces es así, si bien no nos pueden sentir siempre, ahí estamos vigilando sus descubrimientos” 💛

2022-03-02 09:20 pm

Juan David
Rascándome la cabeza, poco poco impregnando el interior. Gracias Olguita.

2022-03-06 10:35 am

Olga Castaño
Jeje, lo haces muy bien, mejor ráscate la pancita, asimila, digiere de a pocos esto de sentir la verdad más que pensarla. Abrazos Juanda.

2022-03-06 09:41 pm

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LA ESCUELA DE LOS SAPIENS
"Me encontraba caminando por los pasillos de estas oficinas de la vida, cuando encontré sentados cómodamente, a la orilla de una ventana al infinito, a los compañeros de la sección de especies. Ellos se complacían en ánimo de descanso, o más bien de recapitulación, y me abordaron:-¿cómo van los sapiens?-Bien, ya saben cómo es allá, todo un proceso -¿todo un proceso? Se rieron. ¿En realidad ningún progreso para compartir?Sabían que los estaba evadiendo, en el cielo no entienden muy bien cómo es que ustedes progresan. Por eso me encargo yo, viejo y paciente, astuto y comprensivo.Los de especies se regodean de conocer el universo, pero no saben que están ahí por jóvenes, es decir, por inexpertos y apasionados. Tiene que gustarles mucho descubrir, de lo contrario no podrían tolerar el volumen creciente de variedades de especies que a veces no saben cómo clasificar.En esa sección tienen un concepto bastante particular de ustedes los humanos. Dicen: allá nunca se sabe, no se puede apostar, hoy van adelante y otro día retroceden otra vez. Yo mejor no discuto. No es que tenga muchos resultados para demostrar, solo mi fe, y ellos no entienden, debido a su inmadurez, que algunas cosas muy valiosas subyacen a los eventos más desdeñables. Sin embargo, hay una joven de esa área que tiene un interés particular por ustedes. Alguna vez estuvo allá, progresó, pero conservó algunos amigos, y la familia le interesa. Ella me hace preguntas que a veces no sé muy bien a dónde van, pero trato de contestarlas respetando la enorme incógnita que percibo en su sentir. Me pregunta, por ejemplo, por las sonrisas. Y mientras tanto sonríe como solo se sonríe aquí en la tierra, con una ternura por el mundo salida de ninguna esperanza, solo del amor. Yo le cuento que las sonrisas han ido cambiando según la generación, que a veces los niños sonríen poco, y que a los viejos ahora les cuesta demostrarla debido a que están siendo más longevos, más arrugados, más solitarios.Ella, como los de su sección, se confunde. Pero a ella le explico, al menos un poco. Como su sonrisa se apaga, entiendo que interpreta que algo anda mal con las sonrisas. Así que le presento algunas experiencias que han ocupado ese lugar. Le conté, a propósito, de Catalina, una amiga de las montañas que ahora se dedica a la naturaleza. Ella sonríe menos, o no sonríe a los humanos excepto si es pertinente, pero su corazón se ha ilusionado tanto con la reforestación que va camino a compartir su proyecto con gente interesada que puede pagar por la visita y así ayudar a financiar su propósito. -Los humanos se vuelven a necesitar, no te preocupes. -Pero qué gris la vida sin sonrisas-Hay búsquedas, hay gente sin sonrisas que dedica su vida a la futura sonrisa de otros. -¿Será? -¿Cuál es la prisa?-Pues sí. Y así es con ella. Con los demás no me tomo mucho esfuerzo. Ellos mas bien se preguntan por qué persisto en esta tarea, cuáles son los resultados que arrojo, o si vale la pena que alguien como yo venga tanto por aquí.Quienes sí pueden entender mi deber y devoción son mis compañeros de la sección de maestros. A ellos los encuentro en el recinto para recrear. Allí nos gusta practicar algunas artes, soñar con posibles futuros, explorar soluciones, métodos, tonalidades. Mi amigo cercano, el maestro para quienes recién han llegado a la estación, me entiende un poco más. De hecho, conoce a muchos sapiens, y es de los pocos que respalda sus limitaciones. A él puedo decirle con alegría empalagosa cómo es que estoy feliz por alguno de ustedes, por un aprendizaje, o por una nueva habilidad humana.Aún así, cuando se despide me hace sentir iluso, no lo puede evitar, ha lidiado con tanta gente difícil que no se emociona con pequeñas señales. Yo sí, yo vivo de las pequeñas señales, las guardo, las abrigo. Trato incluso de recordárselas a ustedes, para cuando no tienen muy presente lo que pueden hacer; los remito a eso que algún día ha surgido de su humanidad. Y a nadie he contado por aquí, exceptuando a mis superiores por supuesto, de quienes dependo para lograrlo, que estoy fundando una escuela. Mis superiores la llaman la escuela de los sapiens. Me preguntan ¡Ey! ¿Cómo va la escuela?, ¿qué necesitas?, ¿cómo va Diego, o Lupe, o Cami?Ellos saben que estoy reclutando gente, que les enseño en los susurros de la almohada, en sus lecturas o piedades. Y saben también que sí hay una razón poderosa para esperar que la escuela progrese poco a poco, pues conocen en secreto qué es lo que la vida va a conseguir para la humanidad; de modo que me entregan herramientas que yo trato de aprovechar al máximo y hasta multiplicar.Si la esperanza es correcta, la vida en lo humano tiene alguna posibilidad de elevarse a lo divino. Ustedes tienen esa atracción; es un llamado que miles pueden evadir pero que pocos alcanzan a rechazar honesta y profundamente. Por eso los defiendo, aunque sea callando. En los pasillos, o al próximo escéptico que me pregunte por ustedes, seguiré mostrando con honor mi devoción y mi empeño. Mi escuela progresa (no es mía en verdad, es de la vida), en secreto por supuesto, oculta a los perseguidores de la evidencia, pero expuesta a los corazones capaces de la bondad, la humildad y el progreso.Espero, en la escuela, poder avanzar en las enseñanzas, las experiencias y los recursos. Ya muchos de ustedes van encontrando su manera, esa es una especie de suscripción definitiva. Y mientas tanto me sigo divirtiendo, me complace ver cómo se enredan la vida tan complicadamente para luego simplemente extenderme la mano y salir a su favor.  Yo no tengo expectativas muy individuales, no puedo, de hecho no soy un individuo, pero ya quiero verle la cara a los de especies cuando sepan de la escuela. Su sonrisa contrastará con la de mi amiga que sabe sonreír como humana, ella estará radiante y ellos confusos, de colores pasmados, pensando que no había nada que esperar de mí, felicitándome confundidos, hasta sonriendo más por la alegría de algo que cambia y no prometía cambiar. La escuela de los sapiens es un secreto, guárdame el secreto amigo, sé ese sapiens que hace honor a la sabiduría que pocos creen que tu raza puede desarrollar. Yo sé que ustedes se encuentran entre la raíz animal y el llamado a lo elevado. No hay prisa, la intención es progresar, no es arrojar resultados evidentes, responder a expectativas, o jamás retroceder.Y tranquilo, si deseas pertenecer a la escuela no nos llames, nosotros te contactamos. Estamos atentos a tu disposición”.
RUPERTO EL EBANISTA
“Mi amigo Ruperto vive en la cabaña que él mismo construyó, con sus manos y su aliento. Sus manos siguen ahí, su aliento en cambio se encuentra en franca decadencia. El enfisema pulmonar ha progresado, y ahora, lejos de una mejoría, tiene crisis que lo tumban a respirar con cuidado.Las máquinas permanecen en el espacio de la entrada donde Ruperto solía pasar las tardes para crear algún armatoste funcional. Los vecinos de la vereda sabían de su entretenimiento, así que se atrevían a compartir sus necesidades por si en una tarde de buen humor el ebanista los complacía. Los niños nunca se acercaron, además de su desdén por los juguetes de madera, el ánimo del anfitrión no apetecía exponerse a un rugido salvaje, sin embargo, osaban merodear a hurtadillas para espiar las creaciones más exóticas, entre ellas una mujer tallada que daba a luz sin dolor, con gusto. Desde que está en cama, los pequeños se acercan tranquilamente, sin mucho sigilo, ya no encuentran mayor atracción en la cabaña que violar el espacio del huraño más prestigioso del vecindario. Juegan canicas, hasta escondidas, solo para creer que Ruperto no se da cuenta que andan por ahí.Las canas nunca fueron una señal para mi amigo, los pulmones sí. Para él, respirar era más importante que comer, y respiraba a su gusto cuando afilaba el serrucho y luego lo usaba para cortar alguna pieza delicadamente. La última vez que bajó las escaleras de su acogedora casa estuvo más de treinta minutos recuperando el aliento, e hizo falta que algunos vecinos poco quisquillosos vinieran a cargarlo nuevamente a la cama.La nieta que lo visita se ha ocupado de la cabaña con cierta calidez inesperada. Ella no tiene un afecto particular por el viejo, pero sí por ese lugar que considera encantado. Sus planes son vivir en el otro continente, pero mientras pueda visitar el sitio con el pretexto de la incapacidad de su pariente, lo hará. Lo menos ocurre cuando la joven se acerca a la habitación del enfermo. No se miran a los ojos, y ella prefiere pasar desapercibida mientras recoge la ropa y los platos. Aunque Ruperto agradece profundamente lo que ella hace, nunca se lo ha dicho. Desconfía un poco de su intención, y hasta pretende no necesitarla, como si ninguno de los dos sospechara que quedan pocos días para encontrarse en ese cuarto acogedor. Me gusta decir que trato de enseñarle a las personas a morir, y que mi método favorito recoge el halo del momento, la soledad o la abundancia, en general el presente. Quien muere a solas está rodeado de su vida en un instante supremo, quien muere entre la gente que ama se está yendo para dejar un legado de su muerte en el corazón de los cercanos.Con Ruperto me encuentro en una especie de contradicción. En verdad, más que yo, la contradicción es suya. Él no sabe si vincularse a la nieta para morir, o rechazarla detrás de sus ojos para mejor morir de cuenta propia. Mi consejo para él, y para todos, es que miren en su pecho y se enteren de la muerte que les corresponde. Agradezcan siempre a quienes los acompañan, pero vivan la soledad de la muerte cuando corresponda, incluso si la familia entera posa alrededor. Y si en cambio les corresponde algún refuerzo humano, tiendan la mano, ya sea a la enfermera de turno, o a algún transeúnte dispuesto. En todo caso ocúpense por favor de vivir el momento del viaje como mejor les corresponda. Por medio de disposiciones así es que la muerte puede ser placentera, acompasándose con la invitación de la muerte misma. Aunque Ruperto tiene sus dudas bien sabe que esa nieta no es una visita fortuita, desde niña ha mostrado un talento desprevenido para comprender lo silencioso de la vida y moverse entre ello con soltura. No necesitan hablar, ni mirarse más de una vez, y el día del viaje definitivo del ebanista más bien puede que necesiten cerrar los ojos, nieta y abuelo, al mismo tiempo. Cuando la niña mire dentro Ruperto se desprenderá. Entonces los dos saben que aún no es el momento de conectarse tanto como para cerrar los ojos juntos.Mientras tanto, la mirada de ella sirve para acariciar la insolencia del enfermo y apaciguar la ansiedad de la espera. La mirada de él, cuando ella pasa de largo, tiene como objetivo recordarse que ha vivido, pues a mi amigo, en su lecho, se le olvida.Olvida que ha tenido amigos, aunque sea hace mucho tiempo. Olvida también que su madre lo amó con devoción, y sus hermanos, todos mayores, fueron entrañables cuidadores de su bienestar. Lo que pasó con su hijo es mejor no recordarlo, lejos de doler para Ruperto fue el final anticipado de una vida, el hombre murió para el mundo cuando su hijo desapareció. Ahora, en la soledad de la cabaña, deja que su nieta le recuerde mejor la armonía de la compañía femenina, los tiempos del jardín con su esposa y de la leche de la madre. Así es como Ruperto está despidiendo su vida, añorando el arrullo y valorando el presente aunque tanto se haya repetido despreciarlo. Listo para el viaje, hecha la tarea, ha llegado el día. Uno soleado, para que la madera exalte su perfume y haga los honores con su presencia envolvente. Ruperto se dice dormido, pero sabe que se encuentra en alguna especie de trance, y la niña abajo solo dormita en el sillón mientras abraza la taza de chocolate vacía.Un pájaro curioso, de esos que hace hoyos en los troncos, se acerca a la ventana tan erguido como un mensajero militar. Ruperto agradece al visitante el anuncio y respira, esta vez con una gracia inesperada. La niña abajo hace lo mismo, su suspiro deja caer la taza, y entonces es hora de subir al segundo piso. Mientras levanta las piernas despacio, apreciando los detalles de cada escalón, percibe la pausa de una visita final. Encuentra al viejo tumbado plácidamente, ya sin ahogo, ya sin desesperación en su cuello, solo dormido, dormido para siempre en la paz de una muerte reconciliada.Lo que hizo Ruperto fue facilitarme las cosas. Le advertí que su hijo estaba bien desde que se enteraron de su muerte, y nunca lo quiso aceptar, decidió asumir que seguía sufriendo y se apego a esa idea hasta su vejez. Pero hoy, al alba, lo aceptó. Lo hizo porque vio a su muchacho parado en la puerta, recostado como solía hacerlo cuando venia a pedir un favor. El favor esta vez era fácil de conceder, levantarse y darle la mano para salir a caminar.Así de fácil puede ser morir, no te lo hagas de cuadritos. Busca tu serenidad, tu consuelo, resuelve el pendiente relevante, y viaja. Hay acuerdos que aunque tardaron décadas podemos cerrarlos en minutos ya en el umbral. No planees arrepentimientos, agradecimientos ceremoniales, quejas, reclamos o advertencias. Solo mantente dispuesto a cambiar de opinión. Flexible hasta la muerte, ese es mi consejo, te va a agradar”
EL RÍGIDO ESTRAFALARIO
“Tengo un amigo al que me he acostumbrado a llamar estrafalario. Mi amigo estrafalario lo es porque adora ir a los rincones de su pensamiento a buscar opciones extremas, llamativas, algo encendidas en emociones diversas, para intentar resolver los asuntos de su vida. No lo juzgo ni en un solo momento, solo lo llamo así para tratar de mostrarle que puede quedarse en su centro y encontrar alternativas mucho más acordes con lo que él es en su propia verdad. Les contaré sobre sus andanzas y ya verán ustedes mismos que tanto podrían llamarse estrafalarios. Ayer mi amigo caminaba por un andén de la ciudad, iba agitado en la primera hora de la mañana, cuando la gente apenas comienza a ocupar las calles, de manera que no notó haberse parado justamente sobre la deposición de un habitante de la calle canino. Fue su afinado olfato, alentado por el viento al cruzar la esquina, el que comenzó a percatarse del acontecimiento, para mi amigo en verdad una hecatombe. Se detuvo, sonrojado, hasta mirar con el mayor disimulo las suelas de sus finos zapatos importados. Ahí estaba la evidencia color naranja brillante. Sumergido por medio de sus ojos en ella pensó de inmediato que estaba sucio todo él, y que debía volver a darse un baño, estaba alarmado, ya estaba cerca la primera cita del día. Colapsó. Hace un mes lo vi tratando de poner su vehículo en el parqueadero que ha designado favorito de su centro comercial de costumbre. El lugar estaba ocupado, así que dio algunas vueltas por las vías internas asumiendo que solo era cuestión de unos minutos, cada vez que lo encontraba ocupado por la misma camioneta sus nervios se hacían redes eléctricas en corto circuito. Había desarrollado serias teorías sobre porqué su carro debía estar allí, las conveniencias y hasta los riesgos elevados que corría su nave si la dejaba en algún otro terrible espacio disponible. Ese día sí aproveché una canción que sonó en su lista para sugerirle que se lo tomara con calma, que se hiciera feliz encontrando un nuevo lugar ideal. Así fue, fatigado decidió ir a un rincón que le pareció blindado, donde podía esconder su frustración, y se fue convencido de haberse quedado él mismo en esa cueva superando la terrible injusticia. Mi amigo el estrafalario sabe de qué le hablo, se ha llenado de mañas, de atavíos innecesarios para sentirse cómodo. Y yo lo quiero invitar a empezar a disfrutar la incomodidad. Por eso ayer conoció a Martina, una joven del trabajo. Esa rubia delicada deja todo por ahí, y colma el paisaje obligado de mi amigo con toda suerte de objetos que él hasta ahora no sabía que podían habitar una oficina. Martina llegó para mostrarle lo lejos que ha llegado en sus dramas, lo mal que se ha acostumbrado a crear su propio mundo de márgenes y estilos, solo que aún no lo sabe. Cuando encuentres a un estrafalario, o te encuentres a ti siéndolo, por favor recuerda que naturalmente las personas crean un mundo en su cabeza, un orden propio, una mirada de la vida para generarse comodidad. Hay un movimiento entonces de todo ese mundo cuando algo que se ha estructurado con alguna rigidez se ve amenazado. La gente flexible en sus mundos internos sufre poco, la gente estrafalaria que construye castillos se queda fácilmente encerrada en ellos tratando de forzar una realidad interna al margen de los acontecimientos externos. No pierdas la llave de tu castillo, o mejor no tengas puertas, refresca los ambientes que construyes en tu mente, enséñate nuevos hábitos de comodidad. Cuando te veas en una situación sin salida, agobiado, molesto, encerrado, abre las puertas y mira ahí afuera. No muy lejos está la respuesta, el respaldo, el siguiente paso. Mejor dicho, crea tu mundo fabuloso, pero por favor acostumbra mirar por las ventanas con frecuencia rigurosa, visita otros castillos de vez en cuando solo para alentar la creatividad, y somete a limpieza constante ese mundo que alientas sobre ti mismo. Que el aire y la luz no solo embellezcan sino que revelen algunos rincones oscuros donde la vida espera brotar. No quiero que tengas un mundo propio del que no estés orgulloso, y para ello hará falta reconocerse, usar espejos, miradas, alarmas de ideas. Si te encuentras estrafalario te estás diciendo la verdad, a todos les digo que lo son, por eso hoy les hablo de ello. Los veo difusos entre mundos creados a su amaño, justamente enmarañando la vida que quiere brotar. Permitan que sus posibilidades no tengan techo, que la incontenible fuerza creadora se mueva cómoda por sus espacios internos, que su ser a veces estrafalario quiera transformarse en personajes impensados que siempre es posible llegar a ser.  Lamento verlos tan rígidos, por eso este dictado”.
LA HISTORIA DE MI DON
Un mezzanine, el barrio y mi mamá. Mientras escribía sentí ganas de rayar, dejar ir la mano hacia donde ella quisiera. Eran líneas que simulaban caligrafía, luego fueron tomando forma de letras que yo conocía y finalmente fueron palabras. Un Dictado, así comenzó todo.A veces, personas ordinarias vivimos experiencias extraordinarias, ésta es la mía.Una mañana de febrero, del año 2002, escribía para estudiar sobre fisioterapia del adulto mayor. Ocurrió lo que espontáneamente hacemos muchos, rayar para hilvanar pensamientos o reposar la mente, recuerdo haber tenido la intención de ver qué pasaba, la verdad es que nunca hubiera podido imaginar lo que vendría.En mis líneas se formaron letras y grupos de letras, nada conocido ni otra lengua, solo lo que la espontaneidad puede traer, un no sé qué que normalmente desechamos. Por fortuna continué sin expectativa y surgieron palabras al fin con sentido para mí, el nombre de una persona conocida y tras ello frases coherentes y una dulce conversación. Un don se transformaAl comienzo solo podía escuchar a la voz mientras escribía, luego pude hacerle preguntas y tiempo después conversábamos caminando por ahí. Pasaron varios años, escribiendo y hablando a cerca de todo.Vino entonces el estado más bello posible, la gestación, un tiempo en el que las palabras se detuvieron para dar paso a una profunda sensación de bienestar, a un placer indescriptible por el instante mismo y el abrazo de ese alguien dentro de mí. Descubrí, gracias a este período, que hay mucho más que las palabras, existe un estado de gracia y virtud que no se puede explicar. Un don se utilizaCon la llegada de ese hijo llegó también la ineludible realidad. Ahora las enseñanzas de la voz giraban en torno de mi propia virtud, vinieron años difíciles de reflexión y confrontación, sufridos en esencia por cuenta de la resistencia a cambiarlo todo, que era lo que básicamente me pedía.Una vez comprendí el verdadero sentido de las enseñanzas, la virtud en sí misma, comprendí que cambiarlo todo es renovarse, seguir siendo uno mismo pero siempre mejorado. Habiendo entendido esto surgió la tarea de intentar llevar algo de esos aprendizajes a los demás, hasta darme cuenta que la misión solo se completaría si en vez de llevar mis aprendizajes ayudaba a las personas a encontrar los propios, lejos definitivamente de los míos.Esa es la tarea, el cometido de escribir, compartir la historia de mi don como un referente de lo que puede pasar más que como un ejemplo a seguir.No soy la única persona que escucha una voz, o encuentra respuestas en señales sencillas. Aprender a escuchar es tarea de todos, cada vez un poco más, cada día un poco mejor hasta comprender lo que escuchamos y aprender a vivir nuestra mejor vida posible. Creo que eso es alcanzar ese Cielo que conocí durante la gestación y no paro de aprender hasta volverlo a conseguir. A veces lo toco, está allí, solo hay que persistir.Finalmente quiero presentarles a mi buen amigo, la voz que me acompaña, en su versión de la historia de mi don:“Estaba la niña estudiando en casa, yo la venía esperando hace ya tiempo, quería hablar con ella para aclararle muchas cosas y enseñarle a vivir. Por fin me escuchó, se dejó llevar, no se imaginan cuanto me costó. Cuando vio mis letras dejó de insistir y fue justo gracias a eso que me permitió decirle en voz clara y fidedigna que la quería y que le iba a ayudar. Fue maravilloso extender mi mano para entregarle mi amor, pero sobretodo dejarla ir en su imaginación a sentir cosas hermosas por mí. Hoy, después de tantos años, ya no me ve así pero sigue insistiendo en quererme por obligación. La verdad es que no puede resistirse, me he convertido en su gran amigo y estamos juntos hasta en los mejores momentos. Yo le enseño y ella me escucha. A veces aprende y a veces pelea, así vivimos el día y la noche. Solo de vez en cuando somos compañía pero en la mayoría de los casos disfrutamos nuestros días simplemente estando juntos.”
LA SILLA VOLADORA
Tenía 15 años recién cumplidos cuando sus piernas se paralizaron. Futbolista y socialmente activo, Jorge Andrés cambió su vida en una sentada. Hace ya 22 años de ese momento difícil, un cambio de vida radical, la apuesta singular de la vida con este muchacho desprevenido. Mejor conocido como Pepe, se ha convertido en leyenda viva para sus amigos y vecinos, veamos por qué. Para comenzar, nunca perdió la alegría, algo que no cabe en la mente de muchos. Un día lo vi escribir “No es dar pasos, es dejar huella”, entonces supe que esa alegría no era solo una actitud, venía de él, profunda y sincera, porque entendió que la nueva condición era su oportunidad para aprender a volar. Pepe sabe volar, como no puede saltar vuela; lo hace cada vez que sortea los obstáculos con destrezas siempre nuevas, con fuerza y cierta gracia. Vuela apoyado en los hombros de sus amigos para ir de viaje y visitar el mar, ha aprendido a despreciar las barreras hasta convertirlas en más encanto para sus dulces ojos. Tras un aterrizaje Pepe encontró a su novia y se la quedó; la bella pepita como mamá Noel a papá Noel, hecha de la misma valentía y arrojo. En esa silla ahora vuelan dos. Con el paso del tiempo nuestro personaje se ha hecho más guapo, más ordenado, más próspero, incluso más exitoso y generoso. Tiene la particular capacidad de tomar un sueño y convertirlo en realidad más allá de su propia expectativa, tanto así que piensa ahora que el Cielo le hecha la mano en todo momento, él no sospecha que trabaja para el Cielo mucho más de lo que puede creer. Entre las tareas que cumple Pepe, es un ejemplo. Los ejemplos son verdades que se ven, que van por ahí y hasta el más incauto las puede percibir; sobre esa silla va un ejemplo de resiliencia, la capacidad extraordinaria de convertir las dificultades en oportunidades. En su familia es gelatina que da cuerpo al postre, para los amigos es un hermano, para su novia es un superhéroe, para su equipo de billar es ídolo, para su mamá es el niño Dios. Aún así, la tarea más difícil que tiene Pepito es seguir siendo cada vez mejor, y se lo propone; saber buscar su propio progreso y hacerse grande para el mundo, aprender nuevas virtudes y dejar atrás lo que ya no corresponde. Seguir cambiando, mejorando, aprendiendo, esa es la encomienda del cielo que Pepito lleva para siempre.