DISCERNIR: IR POR LO MÁS GRANDE
“Les contaré de Gerundio, un amigo que me ayudará a mostrar lo difícil que es discernir, pues discernir es cambiar a consciencia, es elegir ser más grande y elevado en vez de más cómodo y feliz en el momento, lo que para ustedes los humanos es un verdadero conflicto.En una sala de casa, de esas que da con la cocina, la familia se encuentra conversando, y en medio de ellos la mamá del hogar prepara algunas tortas. Qué puede ser más cómodo que una conversación al calor del hogar, es como una fogata, un momento de regocijo.Entre los presentes hay parientes del lado de la madre, la menor rodea los cincuenta años; está la abuela, el ingeniero, el empresario. El grupo se ocupa complacido de las preguntas habituales y los gestos de cariño, hasta ser interrumpido por una visita inesperada, este primo del padre de casa, de esos con poco lazo sanguíneo pero mucho lazo emocional. Es Gerundio, un hombre de alrededor de sesenta años, vigoroso, de movimientos juveniles y verbo prosaico, quien llega saludando amablemente como si solo ayer todos hubieran compartido el café. Nadie sospecha lo que esos 1,63 de estatura están por desplegar.La familia, gente acostumbrada a la calidez, recibe al hombre con agrado. Pronto se ofrecen sillas provenientes de otros cuartos de la casa; se sientan cerca, hacen bromas, entran en calor, todo en un mismo movimiento.Para la madre pastelera, el parecido de Gerundio con quien fuera su padre es indiscutible, ella lo mira con cariño a la vez que sabe a dónde conducen sus historias cada vez que le otorgan oportunidad. Los hombres de la sala, bajo el efecto de espejo, prestan atención a quien pronto toma el centro de la conversación. Para las demás, una tarde tranquila y sin expectativas puede ser bien ocupada por algún personaje que se promete interesante. Quienes conocen a Gerundio saben que es normal que se adueñe de las conversaciones, y que en ellas reporte sus ingresos, sus haberes, sus logros y pareceres. También saben que cita con énfasis sus títulos, uno en especial que lo representa: patrón. Y habla de gente que se encuentra debajo suyo en la escala social, aparentando que los conoce, demostrando que los gobierna.El grupo suele mirarlo con cariño, está más o menos acostumbrado, e identifica, aunque sea inconscientemente, la necesidad del pobre hombre de recibir reconocimiento. Hoy, en el hogar, se cocina algo más que pastel, y lo que está por venir dejará claro que no hay tregua al llamado de la vida, incluso para los más incautos.Gerundio nació en un hogar donde tuvo poco reconocimiento y más bien mucha responsabilidad. Su concepto de sí mismo se ha construido sobre logros materiales, porque es lo que su entorno ha sabido apreciar. Para Gerundio la familia es algo común que todos poseen, y la salud es una pendejada de la que se ocupan los melindrosos, o al menos así había sido hasta hace pocos años, cuando la decadencia de la gloria material comenzó a llamarlo por una gloria más profunda.El olor de la masa, todavía entre cruda y aromática, deleita la conversación con la dulzura de las pasas y la esencia de vainilla. Una copa refrescante servida por el esposo ayuda a sentirse más en un momento planeado que en una conversación espontánea. La familia, generosa para escuchar, le permite a Gerundio pararse en el estrado de la palabra, esta vez con una diferencia, hoy el hombre ha llegado para presentar su historia de cáncer y descubrimientos de Dios. Los espectadores se encuentran atónitos. Alguien, acostumbrado al orgullo, contando detalles acerca de la extirpación de su virilidad. El silencio reina, y la palabra de Gerundio no da espera. Una tras otra, las historias se hilvanan, se puede sentir como mi amigo necesitaba una confesión, y cómo el público sometido aprecia algo extraordinario sin más respuesta que algún gesto de empatía.Gerundio documenta al menos tres historias de evidencia acerca del llamado que está recibiendo de trascender. Las cuenta al detalle, pudiendo incluso reportar los aprendizajes que debe conseguir. Insisto, reportar. Habla de sus carencias: orgullo, soberbia, negligencia. Y deja al auditorio doméstico convencido de su reflexión, y de un hombre que necesita ser diferente.Los llamados de Gerundio ocurrieron en una iglesia, tuvo esa sensación maravillosa de sentirse sensible al amor divino; en una camilla en medio de un trance, donde recibió el regaño que estaba necesitando hasta sentirlo en las entrañas; y en la humillación de su cancer al ser despojado de su honor masculino. Todas experiencias contundentes, evidentes incluso al corazón ciego de Gerundio.Para muchos de ustedes esos llamados ocurren más fácilmente, en sueños, en dolores de cabeza o gripas fuertes, en conversaciones con algún contenido de sabiduría, leyendo un libro o viendo una serie. Gerundio, dada su limitación para escuchar, necesita experiencias más ruidosas y definitivas. Sin embargo, ¿escucha de verdad?La torta esta en su punto. La mamá se dirige a los asistentes ofreciendo un trozo caliente. La conversación se desvía por cuenta de algunos comentarios, sobre lo deliciosa de la receta, o lo tremendo de la experiencia, y ese parpadeo es suficiente para que Gerundio vuelva a ser el narrador habitual.Las ya conocidas historias de Gerundio brotan violentamente, sobre lo torpe de los indígenas de no sé donde, y sobre el patrón, y cómo humilló a otra persona para ahora hacer reír a los comensales.El asunto¿Acaso estamos viendo a Gerundio ir y venir entre dos personas que él puede ser?Yo diría que el propio Gerundio no sabe quién es. Ha construido este personaje, el patrón, el astuto, el rico, y ha sobrevivido de cuenta de la solidez social que eso ofrece. Diría que ha sobrevivido a su inconsciencia, a su propia insatisfacción profunda, a su vacío de riqueza.No lo culpo, por favor no lo culpes. Se trata de un hombre que hasta letreros ha recibido de nuestra parte, que los puede escuchar, hasta recordar para repetir, pero no los puede asimilar. Eso es discernir, asimilar una lección o un llamado de la vida y conducirlo a una transformación, no a una historia. Si puedes repetir una lección de la vida, por favor, no te confíes. Hablar es fácil. Eso no significa que lo has aprendido por completo. Aprendes por completo cuando actúas en consecuencia. Cuando tus emociones, recuerdos y tu concepto de ti mismo son coherentes. A Gerundio le cuesta bastante ser coherente porque hace muchos años entregó su fervor al poder sobre los demás. Él está llamado a la humildad, pero entenderás, esa es una renuncia donde vuelve a sentirse pequeño, y el mundo se le viene encima.Gerundio no se siente capaz de llevar la vida y sus responsabilidades sin sublevarse. Cree que los que se quedan abajo, sin agrandarse, son aplastados. Él ya sabe lo que se siente ser aplastado, y no está dispuesto a volver a sentirse así de pequeño frente a nadie.No sabe mi amigo que lo llamo para que tenga la oportunidad de salir de la ecuación, de esa fórmula mezquina de lo humano en la que eres superior o eres inferior pero nunca eres igual. Salir de esa fórmula es abrirse a algo más elevado que la competencia por el ego. Ustedes no son precisamente ambiciosos en eso, creen que todo lo que hay en la vida para hacerse grandes es demostrarle a los demás seres humanos su grandeza, cuando la grandeza que más puede colmarlos es la de ser grandes para ustedes mismos. Si Gerundio supiera ser grande para sí mismo no estaría aun tan ocupado en demostrarse a los demás. Si se diera la vuelta para ver al horizonte y entender sus opciones me encontraría. A mí, a la vida, a Dios, su llamado. Vería mi mano aclamándolo para salir de la discordia y del rencor. Lloraría, por supuesto, pero Gerundio aun no sabe llorar bien. Él solo quiere ser grande al fin, no sabe que ésta ruta que le ofrezco es la que lo llevará a su autentica grandeza. Tiene miedo, lo entiendo, tiene miedo de ser grande de verdad porque teme que allí nadie lo reconocerá como tanto lo ha esperado.Cuando te giras, querido lector, te asombras, las cosas son distintas en el camino de la verdadera grandeza. Discernir es ir por lo más grande, por lo más elevado de la vida. Para la vida, lo grande no es lo que los demás puedan decir de ti u ofrecerte, lo más grande para nosotros, representantes de la vida, es que alcances tu grandeza sincera, a prueba de reconocimientos banales como confites adictivos. Discernir es elegir lo que te hace más grande. Ya ves a Gerundio, mira a tu gerundio, en qué andas, qué es lo que te distrae de la grandeza. Tal vez es miedo, comodidad, o no saber qué hacer.El trabajoEl miedo, la comodidad, o cualquier anclaje emocional, impiden la grandeza solo de manera relativa. Abraza esas emociones porque cuando vas por lo grande ninguna podrá detenerte. El problema es que no ves lo grande. No miras al horizonte. No te miras solo.Si observas alrededor y entiendes que estás en esto de hacerte grande de verdad, entonces la ambición profunda crece dentro de ti. ¿El problema? Que no quieres estar solo, no te quieres esforzar, no quieres ser tu propia fuente de reconocimiento o felicidad. Quieres, pretendes, sueñas, incluso das por sentado que alguien más lo hará. Ese, amigos, es el verdadero despertar espiritual de lo humano, la independencia de su grandeza. Que no es individualidad, no es que la familia o los amigos no ayuden, es que se trata de una responsabilidad única e indelegable de cada uno sin distinción.Ahí es donde están estancadas varias amigas mías por aquí, que tienen todo para trascender, información, conexión, revelaciones, y no avanzan. No lo hacen porque quieren cosas, apoyo, compasión, amor, placer, reconocimiento, demostración.Cuidado, no es que el camino de trascender no posea placer o satisfacción. Al contrario, es un camino elevado de gloria y bondad, donde pueden ser felices de un modo inesperado, pero no se parece a la satisfacción de que otro ser humano te de lo que deseas. Esta satisfacción es animal, instintiva, de dominio, apremiante. La satisfacción por trascender es más regulada, de más proceso, de autonomía, y ustedes confunden autonomía con soledad.Tranquilos, todos los habitantes de la tierra se encuentran en esa misma tarea, de prescindir del impulso de manada y trascender por las propias manos. Eso es lo que hay que hacer. Ese despertar es la oferta única que hace la vida en este planeta de caprichos y necedades. Ustedes se encuentran justo en medio de esa dualidad. A eso han venido, a experimentarla, a madurarla, y uno que otro, a superarla. Gerundio no está por superarla, eso está totalmente claro. Gerundio la ha empezado a reconocer, y faltará mucho para que se decida, o quizá no lo logre por completo durante su estancia en el planeta azul.Pero, ¿cuál es la prisa? Para eso es la eternidad. Para superar cosas difíciles. No hay prisa, no para la vida. La prisa para ustedes debería ser el sufrimiento, ¿notas cómo Gerundio sufre? No se halla. No tolera la angustia de no ser nadie aunque diga cada día lo rico, poderoso y suertudo que puede ser. Está desesperado, no sabe a donde mirar. Cuando mira al mundo de abajo cree sentirse bien, cuando da un pequeño giro y comprende, siente paz. ¿Qué sigue eligiendo mi amigo? Saquen sus propias conclusiones”.