NO QUIERO SER BLANDA

Creado el: 2023-01-29 07:30 am

Historias

“Eso es lo que me dice la niña, la misma que me pide todos los días amor, cariño, calidez humana. Les voy a contar de ella porque tiene esta idea terrible de que siendo dura se protege y se valida, ahora ya viene entendiendo, al menos a veces, lo equivocado que está, pero espero que tengamos juntos la oportunidad de llevar este cambio al máximo nivel, es decir a superar por fin su aval por los malos tratos.

 

De hecho ella ha sido tratada con dureza, ha recibido ese ejemplo, se ha convencido tal vez sin saberlo de que la vida es para los duros de corazón, que solo pueden ser blandos los que ya tienen todo resuelto.

 

La niña, me gusta llamarla así porque apenas está aprendiendo lo básico, se encuentra en un momento de desamor, al menos eso es lo que ella siente. Se siente sola, sin poder relacionarse con la gente a un nivel que le genere satisfacción o bienestar. Ella piensa que el amor viene por un lado y que vivir la vida es otra cosa, entonces es fácil verla ser agresiva con sus palabras o su mirada mientras gira para esperar abrazos o ternura de quien solo estaba observando.

 

Ya ha tenido dificultades en el trabajo por ser intransigente, está llegando al límite eso sí, porque su hostilidad comienza a ser perceptible incluso a ella misma, y eso ya es mucho. Se siente mal después, lo sé, pero no le alcanza ese sentimiento para suponer que se está equivocando profundamente, y sus reflexiones sobre esas reacciones terminan con regularidad culpando a los otros de sus actitudes.

 

Quiero decirle a mi niña que tiene mucho que aprender en lo que al amor se refiere, ella sabe que la cuido y la quiero, pero no puedo obligar al mundo a que la ame si ella no sabe provocar ese amor. El respeto, para empezar, es la primera muestra de amor humano, pues entonces comenzamos la educación de mi niña por allí.

 

Cuando ella cae en cuenta de su actitud se atemoriza, tiembla por no saber quien ser si no es dura, tanto que supone que no va a ser nadie si es blanda con la gente o amable con los descarados que seguro aparecerán por montones. Es tan inocente mi niña que incluso supone que eso que la hace ver tan poco agradable es una virtud, yo le estoy dando tiempo para que tenga que ver su confusión por sus propios ojos, el problema es que una que otra vez su dureza le ofrece los resultados anhelados, consigue las reacciones de la gente que la hacen sentir cómoda, como sumisión y obediencia, y ahí es justamente cuando retrocede.

 

Con el tiempo la niña verá que no habrá saciedad de cuenta de esa falsa sensación de superioridad, pero yo no tengo prisa, la prisa debería ser de ella que tiene tanto anhelo de aceptación, de calor, de amor.

 

Ahora, mientras va viendo lo primero, el respeto, yo le muestro lo limitada que se encuentra para lograr su resultado deseado, una vida llenita de amor. Hace poco le ofrecí una nueva relación, la deje sentirse muy atraída, hasta convencida de al fin haber logrado lo que sueña. Ella misma podrá ver que solo tiene que bajar la cabeza, no a la persona del otro lado por supuesto, al amor, a la honestidad, a la humildad.

 

Ya se imaginarán la magnitud entonces de los aprendizajes que mi niña enfrenta, dado el conflicto entre ser dura y dejarse querer ella se debate contra ella misma, entre sus principios aprendidos y sus deseos más sinceros.

 

La verdad es que aún no quiere cambiar, me refiero a que no tiene un deseo verdadero de renunciar a su fachada de dureza con pretensiones de tenacidad, y vivir desde la humildad la incómoda tanto como para sentirse agredida, así que tiempo, eso es lo que mejor le puedo ofrecer”.

Profile

Olga Castaño

¿Te gustó el contenido de este artículo?
¡Compártelo con tus amigos!

Comentarios (8)

Nos encantaría saber lo que sientes y piensas con este dictado, comparte tus experiencias o preguntas, sugiere nuevos temas.

Lindelia giraldo florez
En la juventud pensamos,somos y nos comportamos a nuestra manera. La vida nos lo enseña como debe ser

2023-01-29 08:11 am

Olga Castaño
Lindelia, gracias por acompañarnos 💛. Así es, la vida mejor que nada doma esos impulsos del carácter que no son fáciles de cambiar.

2023-01-30 07:46 am

Consuelo
Buenísimo para reflexionar. La vida es una escuela y toca ir avanzando de acuerdo al aprendizaje, hay unos más lentos que otros pero si nos disponemos llegaremos a la meta pero se necesita voluntad HUMILDAD y MUCHA, esfuerzo y constancia, son cosas que no llegan de un momento a otro.

2023-01-29 01:54 pm

Olga Castaño
¿Cierto?, por eso el regalo del tiempo, para aquellos aprendizajes en los que no nos queda más que el cansancio para ceder 😌

2023-01-30 07:47 am

Adriana C.
Este dictado me recuerda a mi misma; y digo me recuerda porque fui una versión parecida hace un tiempo (todavía quedan retazos por ahí de esa identidad). Hoy, habiendo transitado muchas cosas, puedo advertir cuán alejada estuve del mundo real, de las personas reales, pero sobre todo de mi misma.

2023-02-01 10:49 am

Olga Castaño
Que lindo Adri, tantas maneras, incluso desde la amabilidad, que repelen el amor humano, ese calor imperfecto que hace tanto bien.

2023-02-01 05:54 pm

Ayda Mary Portilla Delgado
Creo que hay mucho de espejismo en esa dureza...quizás una gran fragilidad que tememos aceptar o sentir...un refugio insostenible que en lugar de proteger nos aísla...en todo caso el amor sale de nosotros mismos, es más un brotar que un pedido a domicilio...paciencia para cultivarlo y ver sus frutos

2023-02-02 02:26 pm

Olga Castaño
“Gracias Mary por tu sabiduría. Mis amigos desesperados por amor se están demorando en cultivar su propia fuente, la inagotable, el apego necesario a algo más grande que ellos. La vida misma habrá de proveerles cuando se abran ese alimento que buscan desacertados”.

2023-02-05 07:43 am

Nuevo comentario
Artículos Relacionados
DEJA DE MEDIRTE
“Me encuentro a menudo con gente pidiendo ayuda para lograr cosas que no le pertenecen, las anhelan porque alguien más las tiene y parece disfrutarlas o incluso ser feliz gracias a que tiene eso en particular. Debo decirte mi amigo que estás lejos de saber lo que te pertenece cuando anhelas algo solo porque a alguien más le hace bien. Este regaño, mezclado con estímulo, espera demostrarte que tus propias necesidades dependen mucho más de cuanto te reconoces que de cuanto te reconocen.  Han creado un mundo donde el reconocimiento está sobre estimado, conozco bien sus utilidades, los enfoca, los hace crecer, les permite ver lo bueno de ustedes mismos y hasta los alienta a avanzar, pero de ahí a que el reconocimiento sea un objetivo en vez de un medio lo tendríamos que discutir. Puede que simplemente te hayas quedado enganchado al reconocimiento cuando en principio cumplió una función fundamental de sacarte de una mala idea de ti mismo, pero cuidado con haberte quedado en alguna dependencia, en algún pequeño matiz que te sigue haciendo buscar maneras de ser reconocido. ¿Has visto a las mamás dando recompensas a sus hijos tras alimentarse bien?. Entonces imagina que esa recompensa se adelanta, que la mamá da a su hijo una recompensa antes de la comida para motivarlo. Solo por satisfacción el niño ya no va a comer. Algo así ocurre con el reconocimiento, lo conoces por un logro, algo que hizo bien a los demás o que causó sensación; luego irás encontrando los atajos, si te lo permites, a recompensas que vengan fácil, sin el logro. Dejas de crecer tú para dedicarte al placer de ser reconocido. Hablemos entonces de tu propia capacidad de reconocerte, es decir de saber primero lo que sí necesitas para así buscar el resultado que te hace bien. Pregúntate por ejemplo si eso que esperas recibir, amigos, pareja, atención, es lo que necesitas, o la verdadera necesidad subyacente es la de abrirse a la vida, a la gente que no es como esperas. Ese dinero que aseguras te resolverá los problemas que tienes ahora, ¿es algo que necesitas en primer orden?, o primero hay que organizarse y enfocarse en generar más recursos. Sé que están acostumbrados a recibir, que tal vez es el anhelo más frecuente, pero amigos, la vida de los deseos es una rueda, hay que moverla, hay que aportarle fuerza y movimiento para que ella entonces les traiga las gracias que sueñan. ¿Cómo mueves la tuya para que funcione?, ¿o más bien eres de los que se sienta frente a ella esperando que arranque sola porque es lo que mereces?. Ahora, cuando identifiques una verdadera necesidad aférrate a ella, porque una necesidad auténtica trae cifradas sus propias instrucciones. Me refiero a que no tienes una necesidad sin las capacidades para suplirla. Hablemos del progreso por ejemplo, quieres progresar, lo sientes en el corazón, ves a tu estrella caer despacio a tu lado pero no acaba de aterrizar. Permite que ese lento movimiento desglose desafíos y oportunidades. Para despedirme les contaré una historia. Tengo una amiga que quiere progreso, pero ella piensa que quiere dinero. Así que me dice: ¡bueno, muéstrame el camino!, ¡hagámoslo fácil!. Yo la miro, me siento y sonrió, lo último que quiero para ella es dinero vacío, frío, la quiero tan conectada con lo material de la vida, con sus gracias, que espero que se de cuenta ya muy pronto que no estoy esperando a que trabaje por conseguir dinero, que lo que ya estamos haciendo juntos es gozando de la taza nueva, de la pequeña remodelación, del almuerzo sofisticado. Cuando ella acabe de entender que el dinero es un medio, así como el reconocimiento, entonces podré ayudarle a ganar más, por ahora solo haría lo que algunas mamás hacen, comprar el helado antes del almuerzo”.
SIENTES, LUEGO JUZGAS
"Juzgar tiene más que ver con lo que sientes que con lo que piensas. Juzgas duramente aquello que lastima tus susceptibilidades, y puedes dejar pasar de largo más fácilmente lo que no lastima tus heridas. Es que juzgar no es solo lo que dices, juzgar también es eso que sientes sobre los demás, una especie de juicio implícito que obedece por supuesto a lo que has vivido, tolerado, amado o despreciado. La gente delicada trata de juzgar lo menos, y aun así sus sentimientos necesitan aflorar. Tengo una amiga que se esmera por ser correcta, veraz, neutral, y en general le funciona. Pero ella es otra cuando el tema en cuestión es la injusticia. Mi amiga fue criada por una madre rigurosa, que dirigió su vida y la de sus hermanos a través de una especie de ley. Esa ley, lejos de ser justa para ella de pequeña, estuvo sesgada por exigencias insensatas, o por la oportunidad que la niña ofrecía al ser obediente y eficiente.También tengo otro amigo, cuyo sentimiento proviene más de las dificultades en las que se encontraba su madre cuando él nació. Mi amigo se siente fácilmente despreciado, es decir, de poco valor, y juzga inconsciente y duramente a quienes no le dan valor explícito o parecen brillar más que él.Tú, ahí leyéndome, piensa qué es eso que juzgas con especial impulso. Puede que seas decididamente duro juzgando las fallas, porque entiendes que no puedes fallar, o juzgas el desamor, porque mucho amor te hizo falta. No es fácil reconocer algunas heridas inconscientes, o razones de la experiencia para creer que el mundo debería ser más justo, valorarte más, ser más acertado, o más amoroso. Sin embargo es bueno que entiendas que eso que te hace protestar es una herida que cobijas con ideas, ideas no tan bien construidas, que aparentemente protegen tu herida para que no duela. Míralo así, juzgas lo que te hace sentir mal. Si estás en paz, puedes pasar de largo sin juicios viciados, y entonces el sano juicio obra en favor del aprendizaje, que es lo que mejor puede ocurrir. Sí, el mundo es injusto, es verdad, y tiene muchos otros defectos. Pero tal vez es tu hora de admitir que lo que haces con eso marca la diferencia en tu bienestar. Sentirte de menos en algo definitivamente no ayuda. Sentirte de más es quizá una peor idea aún. Y moverse entre esos dos extremos es tan retador que prefieres quedarte en alguna orilla.Te invito a que te esfuerces, a que esperes ser más decidido para reconciliarte con tu herida, y verla supurando a través de tu mirada de frustración frente a eso que no tuviste.  Si eres valiente y observas, no tardarás mucho en caer en cuenta que estas recibiendo más bien un llamado a trascender esa herida. Curiosamente, muchas personas se enredan en juicios asociados a sus madres, ya sea porque ellas los emitieron, o porque los inspiraron. ¿Tuviste una madre dura o exigente? Puede que te veas juzgando los errores ajenos con rigidez e incomprensión. ¿Tuvo tu madre muchos problemas para enfrentar su vida? Es posible que la vida te parezca tremendamente injusta o despiadada.No le echemos la culpa a las madres, no es ese el objetivo, entendamos juntos que fue un aprendizaje, y también juntos tratemos de buscar desaprender. Digo juntos porque nosotros queremos ayudarte a lograrlo, a desprender, y a sanar. Ya sabes, no podemos simplemente sanar tu herida, debes hacer parte, pero sí hay mucho que propiciamos para que tengas que sentir el ardor en tu herida y entonces la tengas que atender.Hay heridas de tantos tipos, tan particulares, que arden tan distinto, que aunque logres darle un nombre a la tuya entiende que el remedio es exquisitamente particular. Por ejemplo, muchos de ustedes comparten una herida que podríamos llamar el vacío de no ser grandioso. Niños que no tuvieron un lugar exaltado en el hogar, hermanos que no destacaron por su inteligencia como otros de la familia, pequeños poco favorecidos en algún aspecto, o puestos en un segundo nivel de importancia familiar por distintas razones. Ese vacío de grandeza, de lugar, es uno íntimamente ligado a juzgar. Si bien de niños ustedes no están pensando en cultivar rencor, si están respondiendo a la necesidad de tener un lugar de valor entre los suyos. Juzgas ahora ese vacío, tienes esa necesidad por resolver, y adivina, lo harás tú. Otra amiga, quien fue abandonada por su madre estando pequeña, guarda esa herida como quien cuida un tesoro. La entiendo, nadie va a discutirle que eso fue tremendamente injusto, o le negará su derecho al dolor. Pero tampoco nadie vendrá a decirle que lo tiene que superar, y que se puede hacer a ella misma fuerte y sana si enfrenta la tarea de darse su propio valor y perdonar.La justicia de la vida, entenderás, dista de los sentimientos humanos. Los acontecimientos de la vida no se definen de acuerdo a si te dolerá o no, ocurren, y eso es lo que debes afrontar. Hacerle pecho a lo que ha ocurrido es el comienzo de tres pasos esenciales para darle un giro a esa historia, a esa herida.Primero, hay que reconocer la herida, segundo, hay que ver que es algo que puedes reparar, aunque a veces sigas diciéndote que esa es tarea del causante, y tercero, hay que sanar para triunfar, hay que desenamorarse del dolor.Veamos un caso. Si tu herida tiene que ver con que tu valor dependía de tus logros, entonces comienza por ver todo lo que te nubla estar pendiente de ellos, de destacar, de salir premiado o exaltado. Si te exaltan sientes valor, si no lo hacen algo estuvo muy mal, y tal vez no eres tan valioso.  Probablemente no lo has pensado, obtener logros está bien, pero que tu bienestar dependa tanto de ello es una señal que merece atención. Entonces sospecha, oblígate a sospechar, que es algo que tú mismo puedes reparar. Claro que puedes reparar las heridas que causó el entorno, y que no necesitas obsesionarte con repararlo a él. Pero no necesitas juzgar al entorno cientos de veces para repararlo, o para reparar el daño que te causó. Lo que necesitas es ilusionarte con un cambio, con tu libertad, con una sana autoestima.Por alguna extraña razón que no corresponde explicar, los seres humanos se vinculan más al dolor que a la plenitud, y eso les impide buscarla. Desenamorase del dolor implica la valentía y el coraje de contradecirse a sí mismos, ¿quién dijo yo?”
DESPERTAR ESPIRITUAL
“Podría decirse que así como se desarrolla el cuerpo, y la mente, el espíritu también cobra su lugar tras su maduración. No hay una edad exacta eso sí, no se sigue un mandato biológico, como ocurre con los cambios del cuerpo, que están marcados por edades precisas y secuencias indispensables. En el desarrollo del espíritu, para integrarlo conscientemente a la vida, las variables son distintas, un tanto más caóticas o impredecibles si se quiere. En ese sentido, algunos niños están conectados desde que despiertan su lenguaje, y la educación que reciben puede preservar o desviar esa conexión. Esta es la historia de un amigo mío adolescente. Ya les he hablado de él, me gusta utilizarlo como personaje porque, sin ser una novela, mis escritos esperan vincularlos a algo que les sea tangible, al menos a sus sentidos más cercanos. Este muchacho ahora tiene diecisiete años, empezó la universidad, los primeros brotes de bigote ya son inocultables, y los cambios en su mente no se hacen esperar. Para este caso en particular, decidimos que está listo para su despertar espiritual. Aclaremos, ese despertar no es algo mental, no lo estamos invitando a un mundo de ideologías o creencias, lo estamos invitando concreta y explícitamente a vivir conscientemente su mundo espiritual al tiempo que vive su vida social, académica, familiar, amorosa, y todo lo que le corresponda. Es decir, invitamos a Simón a sentirse profundamente, y a sentirnos. Resultó que el pasado fin de semana mi joven amigo permaneció solo durante veinticuatro horas. Salió de rumba por su cuenta, durmió solo en casa, y despertó para él mismo sin interrupciones. Y claro que aprovechamos esa oportunidad. Ya venimos caldeando este paso, sin preámbulos evidentes pero con algunos cambios sembrados por nosotros que él bien ha sabido permitir. Lo estuvimos preparando, enfocando, y le ayudamos a prestar atención a ciertos elementos claves que confluyeran en este episodio que les contaré. A este joven no lo espera algo escabroso, pero así me siente ahora. Tampoco algo fantástico, y así es como le gustaría asimilarme. En cambio, procuramos hacerle sentir la grandeza y la enorme oportunidad de descubrir un mundo nuevo, uno fuera de su ya extendida imaginación. La pequeña casa que Simón habita es un lugar capaz de hacerse sentir. Me refiero a que es un espacio cargado del amor y el efecto de los eventos poderosos que allí han circulado. Es por eso que él prefiere no mirar la habitación del fondo cuando se dirige a la cocina, o se mira al espejo e imagina todo tipo de asomos por los rincones que se proyectan.Antes, al estar solo en casa, cerraba la puerta de su cuarto y con todas las luces encendidas evitaba salir. Este fin de semana se dio cuenta que podía pasar casi casi desafiante, eso sí, nadie dijo que sin miedo. Es que amigos, el día en el que te ves diferente frente al miedo, todo puede suceder. Por alguna razón que Simón aun no comprende, ese día a solas en casa representó un gozo especial, inexplicable, liberador pero también inquietante, fascinante. A la mañana siguiente, ya con mamá en casa, el muchacho narró como de costumbre los detalles de la experiencia. Esa mamá, conocida por ustedes, puso algunas preguntas o inquietudes en la conversación que le pedí estratégicamente. Lo que el muchacho iba encontrando construyó para él mismo lo que quiero llamar hoy su despertar.No me ha visto, no al menos a sus ojos, según yo, sí. Tampoco me ha escuchado, eso cree él. Pero lo que ocurrió es que construyendo sentido de lo que vivió comenzó a responder con sabiduría inesperada lo que lo vincula a esos rincones, lo que sin saber puede estar percibiendo, y su papel cuando se debate entre el miedo y la atracción. Ahora es cuando les digo, les recuerdo, cada uno encontrará su despertar a su manera, según su vínculo, su llamado, y lo que puede permitirse o no. Está historia quiere compartirles la verdad sobre un caso, y me gusta mucho que cada uno sea un caso maravilloso.Cuidado, no te sientas mal por la edad, eso no es algo que cobre mayor relevancia. Cada uno tiene su momento, su propia maduración espiritual. Lo que bien saben ustedes es que, a favor de Simón, la madre ha hecho un trabajo deliberado de mi mano para prepararlo. Ella lo ha preparado con sus errores, con su personalidad, con sus propios temores, y con mi guía. No crean que todo ha sido perfecto o mágico, han tenido momentos demasiado humanos, retos, dificultades, tropiezos, miedos por supuesto, y contrariedades con el mundo.Pero hoy, ahí sentados en la sala, se ven emocionados descubriendo que Simón comienza a estar preparado para establecer su vínculo ahora directamente. Un descanso para la madre (eso cree ella) y un reto para el muchacho, al menos un reto para su mentalidad.Desde aquí todo se ve sencillo y fácil. Yo sé cómo manejarlo a él. Su carácter noble me facilita las cosas, y su mente imaginativa bien será aprovechada por nosotros para sembrar algunas pistas inquietantes que lo conduzcan a encontrarnos justo donde es mejor que nos encuentre.Él está maravillado, se siente aliviado de su búsqueda profunda, y también quiere llevar esto al máximo, como le gusta vivir. Tendrá que ser muy paciente, lidiar con las ambigüedades de esta educación, pero su alegría y entusiasmo nos harán bien para propiciar pruebas que pueda gozar y temores que pueda superar. No lo entiende, no lo va a entender por un buen tiempo, pero el muchacho acaba de darnos su permiso para formarlo. No tiene idea a qué se ha matriculado, pero tiene la astucia de sospechar que por difícil que sea, esa formación le conviene. Le convendrá a muchos. Lo que el chico aprenda será semilla para cientos, de eso me encargaré. Mientras tanto les cuento que no habrá necesidad de elogiarlo o hacerle reverencia, él es uno más de muchos otros que ese mismo día estaba recibiendo el llamado, la simple diferencia es que lo supo responder, y eso ya es especial para Simón.Amigo lector, no necesitas una madre que cuide tu desarrollo espiritual, no es indispensable, lo que sí necesitas es una figura de protección y guía, encuéntrala, encuentra un maestro. El desarrollo espiritual, aunque íntimo e individual, es un viaje profundo para el que ningún humano es lo suficientemente valiente como para hacerlo solo. Se necesita respaldo, soporte, una cuerda de la que tirar cuando el camino asuste mucho o las amenazas no se entiendan.Esa guía, ese acompañante discreto, ayudará también a asimilar como real el mundo espiritual. No importa que ya superes los sesenta, o los treinta, o los cuarenta. Si no aprendes a reconocer quien es tu soporte espiritual, no sabrás a donde mirar cuando los eventos te superen, no sabrás que mano sostener, y mejor saldrás del camino para sobrevivir. Ese guía, esa madre espiritual, o ese acompañante, no tiene que ser una persona diez en todo, un perfecto, alguien que siempre acierta. Tu soporte espiritual a veces es incluso alguien menor en edad, por ejemplo, pero cuya presencia en tu vida es puente entre este mundo material que ahora habitas y un mundo más allá. Si su sola referencia es una mano que agarrar, pues ya lo tienes. Y atención, no tienes que tener un solo guía, hay gente especializada en buenos consejos, otra en buenos ejemplos, y otra en actos maravillosos. Estira la mano según el caso, según el reto, según la necesidad.En la historia de Simón habrá mucho que contar. Quizá su caso le sirva de guía a madres de futuros jóvenes, o de inspiración a quienes ya son jóvenes y su corazón se mantiene receptivo. A los corazones poco receptivos que a veces me leen, me gusta decirles que siempre estamos atentos, alerta ante cualquier guiño de interés o de apertura. Siempre es buen momento, siempre el espíritu está joven queriendo aprender, y nosotros siempre estaremos disponibles. La próxima vez que Simón me sienta en su casa, o fuera de ella, volverá a sentir terror, en eso aún es un niño, pero también sentirá el llamado a ir más allá, en eso satisfactoriamente es el niño que mantiene viva su curiosidad profunda. Acompáñame, amigo lector, en esta búsqueda de inquietos, presencia lo que la inquietud espiritual puede lograr, y anímate, cuando sea tu momento, a darle libertad a tu inquietud, a la curiosidad de descubrir qué más hay para ti, en dónde está tu sentido más profundo de esta realidad”
LA BELLA OSCURIDAD
"…enfrenta la luz a través de los matices de la bella oscuridad capaz de demostrarte cuando te equivocas…Desglosemos esa frase. Es lo que las frases profundas esperan hacer, causar una reflexión donde cada quien encuentre su sentido profundo, su propia revelación.Tomamos esa frase de un dictado escrito para una amiga que se encuentra enfrentando algunas condiciones médicas, y que se enfada por tener que practicarse exámenes o por lidiar con las recomendaciones médicas que encuentra un tanto molestas.Estuve tratando de explicarle que algunos caminos entrañan destinos inesperados. En realidad yo espero que ella encuentre más gusto por cuidar de sí misma en medio de los estudios, que se reconcilie con la responsabilidad implícita en poseer un cuerpo como vehículo, que encuentre incluso cierta gracia en el deber de responder a las leyes de la biología.No es que mi amiga sea huraña, al menos no mucho. Ella se siente cansada, le parece que la vida exige demasiado, y yo al final solo trato de mostrarle que más bien es ella quien se lleva al límite en cada situación tras el objetivo de dar lo máximo de sí misma. Ella, atención, da lo máximo esperando que al fin las cosas se pongan en balance y logre corregir el margen de error que todo parece poseer.Bueno, no es que ella no sea generosa, es que a pesar de la experiencia que tiene no se da cuenta aún de que mucho de lo humano es vivir sobre el error, el propio y el ajeno. Gran parte de mis amigos juiciosos padecen esa realidad como un tormento. Hasta se pelean con la vida porque no se deja corregir. A ellos suelo enseñarles la generosidad más fácilmente a través de su propia compasión, porque mostrándoles la realidad no acaban de aceptar la condición esencial humana del aprendizaje.Está bien, acepto que ella es un poco terca. O dicho de otro modo, poco inteligente para aceptar lo que no le gusta o no ha considerado. Y eso lo entiendo tan bien que le regalo toda mi paciencia. Ahora, si me quedo esperándola se va a perder de la oportunidad de avanzar respecto a ese aprendizaje preciso. Así que mejor la llamo, le demuestro con la realidad que puede hacer las cosas distinto y eso no está mal, que se puede acomodar.Cuando llega a los consultorios yo estoy detrás de ella, estrujándola un poco para que sea amable y se abra. Dado que tiene conversaciones tan eficientes con los médicos, ella no deja espacio para mostrar su sensibilidad o para que el tratante se compadezca de su coraza. Al contrario, lo que suele propiciar es un diálogo puntual y somero que, entenderán, al final aumenta su sinsabor sobre la experiencia.Me queda en definitiva el recurso de las dudas. Dudas gloriosas. Ella se asusta por la posibilidad de un diagnóstico complicado, se frunce, hasta se plantea no continuar con la investigación. Y me reclama cuestionando el para qué la pongo en todo eso.Por eso escribimos su carta, para explicarle que es justamente a través de los procedimientos de diagnóstico y seguimiento como mejor puedo demostrarle que no necesita estar seriamente enferma, solo necesita prestar atención y dar el brazo a torcer sobre la evidencia de que es frágil, que habita un cuerpo lleno de vida fuera de su control, que no es una máquina, que no está aquí para que todo salga bien.Quise llamar este movimiento para ella «la bella oscuridad». No solo porque así lo asimila, como un momento de oscuridad incómoda, sino porque nada hace más hermosa y evidente a la luz tenue y sagrada como la sombra. Quiero que ella tenga la delicadeza de sentirse privilegiada por esta aquí viviendo esta vida de susceptibilidades y altibajos. Quiero incluso que lo pueda disfrutar. ¿De verdad consideran que tiene sentido disfrutar solamente lo que sale bien o lo que luce perfecto a los ojos del anhelo? Qué hay de quién no disfruta el arrullo de la compasión, el calor de una almohada de carne y hueso en momentos de debilidad, o la dura realidad que trae hermandad y regocijo.Yo puedo explicarle entonces a mi amiga de la carta que espero que ella sueñe un poco más con las sombras como parte esencial y natural de la vida, casi como la base. Y ella, lo sé, seguirá peleándose con esa idea. Por fortuna, la idea no responde a la pelea, y yo me ocupo de seguirle demostrando que no se trata de tener la razón o discutir cómo tiene que ser la vida. Todo lo que anhelo es verla reconciliada con una realidad infinitamente más grande que su capacidad de comprender.Cuando ella acepte que no tiene cómo asimilar por completo la manera profunda y enigmática en que funciona la realidad, yo estaré satisfecho. No me interesa tanto que no tenga dudas o que lo acepte con buena voluntad, todo lo que quiero es que deje de sufrir tratando de corregir lo que no necesita ser corregido, que se ahorre trabajo teniendo que perdonar lo que no amerita perdón, que sueñe mejor con una realidad adaptada y comprensiva, que supere al fin esa rigidez de pensamiento donde ella se pone en segundo lugar bajo la convicción de que esa es una estrategia exitosa.Resulta amigos que enfermarse no solo permite recibir lecciones contundentes, a veces enfermarse sirve para domar el carácter, para ganar humildad, o simplemente para recordar que no gobiernan su vida como lo imaginan.Así que la próxima vez que se enfermen, que necesiten aquella almohada o aquel arrullo, tomen aire para suspirar por un aprendizaje implícito que bien pueden recibir con armonía".
RUPERTO EL EBANISTA
“Mi amigo Ruperto vive en la cabaña que él mismo construyó, con sus manos y su aliento. Sus manos siguen ahí, su aliento en cambio se encuentra en franca decadencia. El enfisema pulmonar ha progresado, y ahora, lejos de una mejoría, tiene crisis que lo tumban a respirar con cuidado.Las máquinas permanecen en el espacio de la entrada donde Ruperto solía pasar las tardes para crear algún armatoste funcional. Los vecinos de la vereda sabían de su entretenimiento, así que se atrevían a compartir sus necesidades por si en una tarde de buen humor el ebanista los complacía. Los niños nunca se acercaron, además de su desdén por los juguetes de madera, el ánimo del anfitrión no apetecía exponerse a un rugido salvaje, sin embargo, osaban merodear a hurtadillas para espiar las creaciones más exóticas, entre ellas una mujer tallada que daba a luz sin dolor, con gusto. Desde que está en cama, los pequeños se acercan tranquilamente, sin mucho sigilo, ya no encuentran mayor atracción en la cabaña que violar el espacio del huraño más prestigioso del vecindario. Juegan canicas, hasta escondidas, solo para creer que Ruperto no se da cuenta que andan por ahí.Las canas nunca fueron una señal para mi amigo, los pulmones sí. Para él, respirar era más importante que comer, y respiraba a su gusto cuando afilaba el serrucho y luego lo usaba para cortar alguna pieza delicadamente. La última vez que bajó las escaleras de su acogedora casa estuvo más de treinta minutos recuperando el aliento, e hizo falta que algunos vecinos poco quisquillosos vinieran a cargarlo nuevamente a la cama.La nieta que lo visita se ha ocupado de la cabaña con cierta calidez inesperada. Ella no tiene un afecto particular por el viejo, pero sí por ese lugar que considera encantado. Sus planes son vivir en el otro continente, pero mientras pueda visitar el sitio con el pretexto de la incapacidad de su pariente, lo hará. Lo menos ocurre cuando la joven se acerca a la habitación del enfermo. No se miran a los ojos, y ella prefiere pasar desapercibida mientras recoge la ropa y los platos. Aunque Ruperto agradece profundamente lo que ella hace, nunca se lo ha dicho. Desconfía un poco de su intención, y hasta pretende no necesitarla, como si ninguno de los dos sospechara que quedan pocos días para encontrarse en ese cuarto acogedor. Me gusta decir que trato de enseñarle a las personas a morir, y que mi método favorito recoge el halo del momento, la soledad o la abundancia, en general el presente. Quien muere a solas está rodeado de su vida en un instante supremo, quien muere entre la gente que ama se está yendo para dejar un legado de su muerte en el corazón de los cercanos.Con Ruperto me encuentro en una especie de contradicción. En verdad, más que yo, la contradicción es suya. Él no sabe si vincularse a la nieta para morir, o rechazarla detrás de sus ojos para mejor morir de cuenta propia. Mi consejo para él, y para todos, es que miren en su pecho y se enteren de la muerte que les corresponde. Agradezcan siempre a quienes los acompañan, pero vivan la soledad de la muerte cuando corresponda, incluso si la familia entera posa alrededor. Y si en cambio les corresponde algún refuerzo humano, tiendan la mano, ya sea a la enfermera de turno, o a algún transeúnte dispuesto. En todo caso ocúpense por favor de vivir el momento del viaje como mejor les corresponda. Por medio de disposiciones así es que la muerte puede ser placentera, acompasándose con la invitación de la muerte misma. Aunque Ruperto tiene sus dudas bien sabe que esa nieta no es una visita fortuita, desde niña ha mostrado un talento desprevenido para comprender lo silencioso de la vida y moverse entre ello con soltura. No necesitan hablar, ni mirarse más de una vez, y el día del viaje definitivo del ebanista más bien puede que necesiten cerrar los ojos, nieta y abuelo, al mismo tiempo. Cuando la niña mire dentro Ruperto se desprenderá. Entonces los dos saben que aún no es el momento de conectarse tanto como para cerrar los ojos juntos.Mientras tanto, la mirada de ella sirve para acariciar la insolencia del enfermo y apaciguar la ansiedad de la espera. La mirada de él, cuando ella pasa de largo, tiene como objetivo recordarse que ha vivido, pues a mi amigo, en su lecho, se le olvida.Olvida que ha tenido amigos, aunque sea hace mucho tiempo. Olvida también que su madre lo amó con devoción, y sus hermanos, todos mayores, fueron entrañables cuidadores de su bienestar. Lo que pasó con su hijo es mejor no recordarlo, lejos de doler para Ruperto fue el final anticipado de una vida, el hombre murió para el mundo cuando su hijo desapareció. Ahora, en la soledad de la cabaña, deja que su nieta le recuerde mejor la armonía de la compañía femenina, los tiempos del jardín con su esposa y de la leche de la madre. Así es como Ruperto está despidiendo su vida, añorando el arrullo y valorando el presente aunque tanto se haya repetido despreciarlo. Listo para el viaje, hecha la tarea, ha llegado el día. Uno soleado, para que la madera exalte su perfume y haga los honores con su presencia envolvente. Ruperto se dice dormido, pero sabe que se encuentra en alguna especie de trance, y la niña abajo solo dormita en el sillón mientras abraza la taza de chocolate vacía.Un pájaro curioso, de esos que hace hoyos en los troncos, se acerca a la ventana tan erguido como un mensajero militar. Ruperto agradece al visitante el anuncio y respira, esta vez con una gracia inesperada. La niña abajo hace lo mismo, su suspiro deja caer la taza, y entonces es hora de subir al segundo piso. Mientras levanta las piernas despacio, apreciando los detalles de cada escalón, percibe la pausa de una visita final. Encuentra al viejo tumbado plácidamente, ya sin ahogo, ya sin desesperación en su cuello, solo dormido, dormido para siempre en la paz de una muerte reconciliada.Lo que hizo Ruperto fue facilitarme las cosas. Le advertí que su hijo estaba bien desde que se enteraron de su muerte, y nunca lo quiso aceptar, decidió asumir que seguía sufriendo y se apego a esa idea hasta su vejez. Pero hoy, al alba, lo aceptó. Lo hizo porque vio a su muchacho parado en la puerta, recostado como solía hacerlo cuando venia a pedir un favor. El favor esta vez era fácil de conceder, levantarse y darle la mano para salir a caminar.Así de fácil puede ser morir, no te lo hagas de cuadritos. Busca tu serenidad, tu consuelo, resuelve el pendiente relevante, y viaja. Hay acuerdos que aunque tardaron décadas podemos cerrarlos en minutos ya en el umbral. No planees arrepentimientos, agradecimientos ceremoniales, quejas, reclamos o advertencias. Solo mantente dispuesto a cambiar de opinión. Flexible hasta la muerte, ese es mi consejo, te va a agradar”