LAS PRUEBAS QUE ME PIDES

Creado el: 2021-11-06 08:42 am

Historias

“Ahí estás pidiéndome pruebas, conozco esa mirada de insatisfacción cuando crees que no estoy ayudando. Vamos a aclarar una cosa, a veces te ayudo y solo no te das cuenta como.

 

Acaricio tu cabello en las noches estrelladas, dejo sensaciones en la almohada o el sillón y froto tus platos con mieles de amor. También acostumbro limpiar esos zapatos con confianza y gozo de un talento especial para hacerte sentir la prenda que te abraza mejor. 

 

No creas que no estoy cuando no me puedes sentir con claridad, ahí estoy al lado de tu confusión esperando una oportunidad para apagar el fuego y ayudarte a regresar. Es que si no me ayudas las oportunidades que me quedan son invisibles, etéreas; preferiría incluso que me dejaras hablarte al oído pero sueles estar tan ocupado que medirme con tus pensamientos no es una opción.

 

No estoy ahí para evitar la vida, para darte todas las comodidades o vigilar tus acciones, más bien me gusta acompañarte sintiendo tu intención y asociándome a ella. ¿Cómo podría obligarte si hemos pactado para siempre que tengas el poder de la voluntad?. Sí, siempre vas a tener la última decisión, la voluntad es justamente la capacidad de, habiendo considerado las alternativas, elegir.

 

Ahora, mis amigos más cercanos, ‘llaverías’ como dirían por ahí, son quienes han decidido considerar mi opinión cada vez que van a decidir. Ellos no siempre siguen mi sugerencia por supuesto y los entiendo, pero se van familiarizando hermosamente con mi deseo, mi planteamiento; entonces, cuando las lecciones se repiten o se parecen sencillamente terminan convenciéndose de la razón por la cual esa era su mejor opción.

 

Así que si todavía esperas una disertación, que nos sentemos en tu sala a discutir de piernas cruzadas un tema en particular, lo que va a ocurrir es que te decepcionarás de mí. No asisto a esas invitaciones porque las palabras así puestas distraen a la razón, yo simplemente quiero que puedas ver mis opciones, su sustentación te queda de trabajo.

 

Otra razón por la que disiento de las pruebas, de las comprobaciones, es que no estoy en la tarea de enseñar primordialmente con palabras, en los acontecimientos de la realidad las ratificaciones son más fáciles de instaurar y aceleran el aprendizaje. 

 

Imagina que me preguntas qué carro comprar, tomas una revista y la abres al azar esperando ver con claridad cuál te conviene, pero no parece haber una respuesta efectiva; eso es porque yo prefiero esperar que vayas al concesionario, hagas la cotización y sientas en el pecho la fuerza de esa deuda para así saber con definitiva claridad cuál es el vehículo, el momento y la manera de adquirirlo. 

 

Ahí, en la silla del lujoso auto que más te gusta, yo soy el sinsabor bajo la lengua que se sobrepone a la emoción en el pecho. Incluso a veces logro hacerte girar a ver la opción intermedia que te traerá más bienestar. Entonces viene la decisión, te mostré las opciones y te indiqué lo que te hace bien, tus opciones están claras y yo quedo satisfecho, eso sí tu satisfacción a veces es inmediata o a veces es duradera, de acuerdo a lo que mides que es mejor para ti.

 

No soy un papá mandón, eso debe quedar claro, más bien soy un amigo de esos de toda confianza que dicen poco lo que quieres escuchar. De momento puedo incomodarte pero a la larga seré tu mejor amigo, estaré ahí para mostrarte la verdad y ayudarte a perseguirla, y tendré toda la paciencia que haga falta hasta que decidas avanzar”. 

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Olga Castaño

Comparte, la magia se transmite uno a uno

Comentarios (7)

Nos encantaría saber lo que sientes y piensas con este dictado, comparte tus experiencias o preguntas, sugiere nuevos temas.

Adriana C.
Muy hermoso! Definitivamente no nos enseñan sólo a través de las palabras, esas que esperamos escuchar con tanto anhelo y con las cuales limitamos nuestra conexión con el Cielo. Es la fuerza del sentir y de la propia experiencia la mejor forma de dejarnos guiar.

2021-11-06 11:10 am

Olga Castaño
“Es que nos gusta que asuman sus decisiones, que tengan que confiar y arriesgarse a veces. No sería divertido una especie de dictamen constante en el que damos instrucciones precisas”

2021-11-06 04:55 pm

Diana
Que lindo, se de su gran paciencia, siento su caricia en mi pelo, pero es verdad mi mente no para y se vuelve una locura discernir. Gracias cielo, siempre tu palabras tan llenas de verdad y de amor. 🥰

2021-11-08 08:08 am

Olga Castaño
“Dianita, y todas las que me dicen ‘es que mi mente’, no quiero que me digan más esa palabra como la excusa inescrutable, la mente no tiene la culpa de nada, son ustedes que aún no se deciden a dejarla”

2021-11-08 09:42 am

Angélica Idárraga
Un dictado que cae justo en el momento perfecto de mi vida. Siempre he esperado palabras del cielo, lo he visto como un papá que sienta a su hija en la sala a enseñarle y no he visto cada llamado en pequeñas situaciones, sensaciones y chispasos cotidianos.

2021-11-11 02:55 pm

Olga Castaño
Creo que esa es la parte más difícil si uno espera diferenciar entre sus ideas y las del Cielo, que a veces disfrutan haciéndonos sentir que su voz como algo completamente propio.

2021-11-11 07:45 pm

Consuelo
A veces la mente (la loca de la casa) me traiciona pero si nos damos cuenta pronto, lo veo como una ayuda muy grande y tomo calma y dando espacio llega a mi mente presisamente la respuesta o lo que queria haciéndome caer en cuenta que no estamos solos en nuestro caminar si aceptamos ese regalo infinito que es todo: el amor de Dios.

2025-01-23 02:43 pm

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LA ESCUELA DE LOS SAPIENS
"Me encontraba caminando por los pasillos de estas oficinas de la vida, cuando encontré sentados cómodamente, a la orilla de una ventana al infinito, a los compañeros de la sección de especies. Ellos se complacían en ánimo de descanso, o más bien de recapitulación, y me abordaron:-¿cómo van los sapiens?-Bien, ya saben cómo es allá, todo un proceso -¿todo un proceso? Se rieron. ¿En realidad ningún progreso para compartir?Sabían que los estaba evadiendo, en el cielo no entienden muy bien cómo es que ustedes progresan. Por eso me encargo yo, viejo y paciente, astuto y comprensivo.Los de especies se regodean de conocer el universo, pero no saben que están ahí por jóvenes, es decir, por inexpertos y apasionados. Tiene que gustarles mucho descubrir, de lo contrario no podrían tolerar el volumen creciente de variedades de especies que a veces no saben cómo clasificar.En esa sección tienen un concepto bastante particular de ustedes los humanos. Dicen: allá nunca se sabe, no se puede apostar, hoy van adelante y otro día retroceden otra vez. Yo mejor no discuto. No es que tenga muchos resultados para demostrar, solo mi fe, y ellos no entienden, debido a su inmadurez, que algunas cosas muy valiosas subyacen a los eventos más desdeñables. Sin embargo, hay una joven de esa área que tiene un interés particular por ustedes. Alguna vez estuvo allá, progresó, pero conservó algunos amigos, y la familia le interesa. Ella me hace preguntas que a veces no sé muy bien a dónde van, pero trato de contestarlas respetando la enorme incógnita que percibo en su sentir. Me pregunta, por ejemplo, por las sonrisas. Y mientras tanto sonríe como solo se sonríe aquí en la tierra, con una ternura por el mundo salida de ninguna esperanza, solo del amor. Yo le cuento que las sonrisas han ido cambiando según la generación, que a veces los niños sonríen poco, y que a los viejos ahora les cuesta demostrarla debido a que están siendo más longevos, más arrugados, más solitarios.Ella, como los de su sección, se confunde. Pero a ella le explico, al menos un poco. Como su sonrisa se apaga, entiendo que interpreta que algo anda mal con las sonrisas. Así que le presento algunas experiencias que han ocupado ese lugar. Le conté, a propósito, de Catalina, una amiga de las montañas que ahora se dedica a la naturaleza. Ella sonríe menos, o no sonríe a los humanos excepto si es pertinente, pero su corazón se ha ilusionado tanto con la reforestación que va camino a compartir su proyecto con gente interesada que puede pagar por la visita y así ayudar a financiar su propósito. -Los humanos se vuelven a necesitar, no te preocupes. -Pero qué gris la vida sin sonrisas-Hay búsquedas, hay gente sin sonrisas que dedica su vida a la futura sonrisa de otros. -¿Será? -¿Cuál es la prisa?-Pues sí. Y así es con ella. Con los demás no me tomo mucho esfuerzo. Ellos mas bien se preguntan por qué persisto en esta tarea, cuáles son los resultados que arrojo, o si vale la pena que alguien como yo venga tanto por aquí.Quienes sí pueden entender mi deber y devoción son mis compañeros de la sección de maestros. A ellos los encuentro en el recinto para recrear. Allí nos gusta practicar algunas artes, soñar con posibles futuros, explorar soluciones, métodos, tonalidades. Mi amigo cercano, el maestro para quienes recién han llegado a la estación, me entiende un poco más. De hecho, conoce a muchos sapiens, y es de los pocos que respalda sus limitaciones. A él puedo decirle con alegría empalagosa cómo es que estoy feliz por alguno de ustedes, por un aprendizaje, o por una nueva habilidad humana.Aún así, cuando se despide me hace sentir iluso, no lo puede evitar, ha lidiado con tanta gente difícil que no se emociona con pequeñas señales. Yo sí, yo vivo de las pequeñas señales, las guardo, las abrigo. Trato incluso de recordárselas a ustedes, para cuando no tienen muy presente lo que pueden hacer; los remito a eso que algún día ha surgido de su humanidad. Y a nadie he contado por aquí, exceptuando a mis superiores por supuesto, de quienes dependo para lograrlo, que estoy fundando una escuela. Mis superiores la llaman la escuela de los sapiens. Me preguntan ¡Ey! ¿Cómo va la escuela?, ¿qué necesitas?, ¿cómo va Diego, o Lupe, o Cami?Ellos saben que estoy reclutando gente, que les enseño en los susurros de la almohada, en sus lecturas o piedades. Y saben también que sí hay una razón poderosa para esperar que la escuela progrese poco a poco, pues conocen en secreto qué es lo que la vida va a conseguir para la humanidad; de modo que me entregan herramientas que yo trato de aprovechar al máximo y hasta multiplicar.Si la esperanza es correcta, la vida en lo humano tiene alguna posibilidad de elevarse a lo divino. Ustedes tienen esa atracción; es un llamado que miles pueden evadir pero que pocos alcanzan a rechazar honesta y profundamente. Por eso los defiendo, aunque sea callando. En los pasillos, o al próximo escéptico que me pregunte por ustedes, seguiré mostrando con honor mi devoción y mi empeño. Mi escuela progresa (no es mía en verdad, es de la vida), en secreto por supuesto, oculta a los perseguidores de la evidencia, pero expuesta a los corazones capaces de la bondad, la humildad y el progreso.Espero, en la escuela, poder avanzar en las enseñanzas, las experiencias y los recursos. Ya muchos de ustedes van encontrando su manera, esa es una especie de suscripción definitiva. Y mientas tanto me sigo divirtiendo, me complace ver cómo se enredan la vida tan complicadamente para luego simplemente extenderme la mano y salir a su favor.  Yo no tengo expectativas muy individuales, no puedo, de hecho no soy un individuo, pero ya quiero verle la cara a los de especies cuando sepan de la escuela. Su sonrisa contrastará con la de mi amiga que sabe sonreír como humana, ella estará radiante y ellos confusos, de colores pasmados, pensando que no había nada que esperar de mí, felicitándome confundidos, hasta sonriendo más por la alegría de algo que cambia y no prometía cambiar. La escuela de los sapiens es un secreto, guárdame el secreto amigo, sé ese sapiens que hace honor a la sabiduría que pocos creen que tu raza puede desarrollar. Yo sé que ustedes se encuentran entre la raíz animal y el llamado a lo elevado. No hay prisa, la intención es progresar, no es arrojar resultados evidentes, responder a expectativas, o jamás retroceder.Y tranquilo, si deseas pertenecer a la escuela no nos llames, nosotros te contactamos. Estamos atentos a tu disposición”.
ESTRUJANDO A SOFÍA
“¿Será coincidencia que se llame Sofía? Les hablo de una amiga con quien conversamos de vez en cuando en torno de un tema esencial, la resistencia de sus ideas. Ella sabe que necesita dar un paso, pero se devuelve justo cuando ya tiene el talón en el aire. Puede ser porque perdió su pierna, puede ser porque se siente en el aire si no se aferra a lo que piensa, puede ser incluso porque ella no necesita las piernas para avanzar y mejor necesita aprender a desvanecerse toda. Perder una parte es algo realmente difícil de superar, más cuando en ese vacío habitan tantos dolores o pendientes. Por eso quiero hoy invitarla a dejarse estrujar, mi niña no sabe lo que la espera si se suelta y se eleva de ese piso por el que a veces casi arrastra sus pesos. La quiero liviana, deseo que ella tenga más libertad, y no lo logro porque se apega a sus ideas como ladrillos arrojados en un lago para sostenerse en el fondo. Ya me ha dicho muchas veces que se cansa de tanto pensar, pero vuelve a hacerlo como si no conociera otro mundo, y es que tal vez no lo quiere conocer. Querida Sofía, ¿de verdad quieres un nuevo mundo para ti? Como ella tengo otros amigos: Andrea, Carlos, Mauricio. A todos ellos tengo que pedirles permiso para opinar, yo, que soy la voz de la vida, debo según ellos litigar los llamados, casi que arrodillarme para pedirles que progresen. Sé muy bien que ese encierro en sus viejas palabras nació del miedo, de la educación, o del escaso cultivo de su espíritu; pero amigos, es hora de dar un paso evolutivo. La verdad de la vida renace constantemente, ella permite incluso ser reinventada, crear maneras personales de narrarla. Por favor intenta tus propias explicaciones de la vida, y reinvéntales cada tanto. No seas aburrido contando las mismas cosas de hace diez años, actualízate, desvanécete entre hallazgos más esenciales y libérate de los detalles pétreos de los que te anclas solamente para hacerte más lento. Si Sofía se dejara estrujar vería su libertad a unos contados segundo de ella misma. Quiero decir, liberarse no es una cuestión tesuda, de sacrificios, liberarse se trata de dejarse mover. Al contrario, el verdadero esfuerzo es no permitirlo, hay mucho desgaste en sostenerse de lo viejo, en quedarse atrapado por cuenta propia, en apretar las correas que sostienen lo conocido para resistirse a avanzar hacia lo nuevo. Es que otra vez el miedo juega con ustedes, y ustedes participan complacidos. Temen sentir, evitan la adrenalina de la vida, se guardan de cambiar de opinión, de mirada, de estilo. Amigos, déjense estrujar, eso que tratan de preservar es algo que más bien están necesitando perder. Ella perdió su pierna, ya sabe de pérdidas. Esta pérdida a la que la invito es una dulce, que puede además ayudarle a sanar la belleza inesperada que ha traído ese cambio, que puede darle la luz que le ha faltado para identificarse más con su poder y menos con lo que el mundo espera de ella. El mundo espera dos piernas Sofía, enséñale por favor que una sola es suficiente para alguien como tú”.
RUPERTO EL EBANISTA
“Mi amigo Ruperto vive en la cabaña que él mismo construyó, con sus manos y su aliento. Sus manos siguen ahí, su aliento en cambio se encuentra en franca decadencia. El enfisema pulmonar ha progresado, y ahora, lejos de una mejoría, tiene crisis que lo tumban a respirar con cuidado.Las máquinas permanecen en el espacio de la entrada donde Ruperto solía pasar las tardes para crear algún armatoste funcional. Los vecinos de la vereda sabían de su entretenimiento, así que se atrevían a compartir sus necesidades por si en una tarde de buen humor el ebanista los complacía. Los niños nunca se acercaron, además de su desdén por los juguetes de madera, el ánimo del anfitrión no apetecía exponerse a un rugido salvaje, sin embargo, osaban merodear a hurtadillas para espiar las creaciones más exóticas, entre ellas una mujer tallada que daba a luz sin dolor, con gusto. Desde que está en cama, los pequeños se acercan tranquilamente, sin mucho sigilo, ya no encuentran mayor atracción en la cabaña que violar el espacio del huraño más prestigioso del vecindario. Juegan canicas, hasta escondidas, solo para creer que Ruperto no se da cuenta que andan por ahí.Las canas nunca fueron una señal para mi amigo, los pulmones sí. Para él, respirar era más importante que comer, y respiraba a su gusto cuando afilaba el serrucho y luego lo usaba para cortar alguna pieza delicadamente. La última vez que bajó las escaleras de su acogedora casa estuvo más de treinta minutos recuperando el aliento, e hizo falta que algunos vecinos poco quisquillosos vinieran a cargarlo nuevamente a la cama.La nieta que lo visita se ha ocupado de la cabaña con cierta calidez inesperada. Ella no tiene un afecto particular por el viejo, pero sí por ese lugar que considera encantado. Sus planes son vivir en el otro continente, pero mientras pueda visitar el sitio con el pretexto de la incapacidad de su pariente, lo hará. Lo menos ocurre cuando la joven se acerca a la habitación del enfermo. No se miran a los ojos, y ella prefiere pasar desapercibida mientras recoge la ropa y los platos. Aunque Ruperto agradece profundamente lo que ella hace, nunca se lo ha dicho. Desconfía un poco de su intención, y hasta pretende no necesitarla, como si ninguno de los dos sospechara que quedan pocos días para encontrarse en ese cuarto acogedor. Me gusta decir que trato de enseñarle a las personas a morir, y que mi método favorito recoge el halo del momento, la soledad o la abundancia, en general el presente. Quien muere a solas está rodeado de su vida en un instante supremo, quien muere entre la gente que ama se está yendo para dejar un legado de su muerte en el corazón de los cercanos.Con Ruperto me encuentro en una especie de contradicción. En verdad, más que yo, la contradicción es suya. Él no sabe si vincularse a la nieta para morir, o rechazarla detrás de sus ojos para mejor morir de cuenta propia. Mi consejo para él, y para todos, es que miren en su pecho y se enteren de la muerte que les corresponde. Agradezcan siempre a quienes los acompañan, pero vivan la soledad de la muerte cuando corresponda, incluso si la familia entera posa alrededor. Y si en cambio les corresponde algún refuerzo humano, tiendan la mano, ya sea a la enfermera de turno, o a algún transeúnte dispuesto. En todo caso ocúpense por favor de vivir el momento del viaje como mejor les corresponda. Por medio de disposiciones así es que la muerte puede ser placentera, acompasándose con la invitación de la muerte misma. Aunque Ruperto tiene sus dudas bien sabe que esa nieta no es una visita fortuita, desde niña ha mostrado un talento desprevenido para comprender lo silencioso de la vida y moverse entre ello con soltura. No necesitan hablar, ni mirarse más de una vez, y el día del viaje definitivo del ebanista más bien puede que necesiten cerrar los ojos, nieta y abuelo, al mismo tiempo. Cuando la niña mire dentro Ruperto se desprenderá. Entonces los dos saben que aún no es el momento de conectarse tanto como para cerrar los ojos juntos.Mientras tanto, la mirada de ella sirve para acariciar la insolencia del enfermo y apaciguar la ansiedad de la espera. La mirada de él, cuando ella pasa de largo, tiene como objetivo recordarse que ha vivido, pues a mi amigo, en su lecho, se le olvida.Olvida que ha tenido amigos, aunque sea hace mucho tiempo. Olvida también que su madre lo amó con devoción, y sus hermanos, todos mayores, fueron entrañables cuidadores de su bienestar. Lo que pasó con su hijo es mejor no recordarlo, lejos de doler para Ruperto fue el final anticipado de una vida, el hombre murió para el mundo cuando su hijo desapareció. Ahora, en la soledad de la cabaña, deja que su nieta le recuerde mejor la armonía de la compañía femenina, los tiempos del jardín con su esposa y de la leche de la madre. Así es como Ruperto está despidiendo su vida, añorando el arrullo y valorando el presente aunque tanto se haya repetido despreciarlo. Listo para el viaje, hecha la tarea, ha llegado el día. Uno soleado, para que la madera exalte su perfume y haga los honores con su presencia envolvente. Ruperto se dice dormido, pero sabe que se encuentra en alguna especie de trance, y la niña abajo solo dormita en el sillón mientras abraza la taza de chocolate vacía.Un pájaro curioso, de esos que hace hoyos en los troncos, se acerca a la ventana tan erguido como un mensajero militar. Ruperto agradece al visitante el anuncio y respira, esta vez con una gracia inesperada. La niña abajo hace lo mismo, su suspiro deja caer la taza, y entonces es hora de subir al segundo piso. Mientras levanta las piernas despacio, apreciando los detalles de cada escalón, percibe la pausa de una visita final. Encuentra al viejo tumbado plácidamente, ya sin ahogo, ya sin desesperación en su cuello, solo dormido, dormido para siempre en la paz de una muerte reconciliada.Lo que hizo Ruperto fue facilitarme las cosas. Le advertí que su hijo estaba bien desde que se enteraron de su muerte, y nunca lo quiso aceptar, decidió asumir que seguía sufriendo y se apego a esa idea hasta su vejez. Pero hoy, al alba, lo aceptó. Lo hizo porque vio a su muchacho parado en la puerta, recostado como solía hacerlo cuando venia a pedir un favor. El favor esta vez era fácil de conceder, levantarse y darle la mano para salir a caminar.Así de fácil puede ser morir, no te lo hagas de cuadritos. Busca tu serenidad, tu consuelo, resuelve el pendiente relevante, y viaja. Hay acuerdos que aunque tardaron décadas podemos cerrarlos en minutos ya en el umbral. No planees arrepentimientos, agradecimientos ceremoniales, quejas, reclamos o advertencias. Solo mantente dispuesto a cambiar de opinión. Flexible hasta la muerte, ese es mi consejo, te va a agradar”
¿ME LLEVAS EN TU CARRO?
“Imagina que tienes un carro, que sabes conducir. Dado que tú controlas la máquina entonces el entorno soy yo. Es un juego, te invito a jugar, se tú el conductor, tu vida el vehículo y yo el entorno que te gobierna. ¿Cómo que el entorno te gobierna?, pues claro, yo hago que no puedas volar, solo puedes rodar, también hago que debas ir más lento en las curvas y que debas frenar para no chocar, y hago que el resto del mundo siga en movimiento mientras conduces: puede aparecer un animal o una persona en medio del camino inesperadamente, incluso los otros conductores son libres de mirar el radio o el celular, así que gobierno el entorno bajo la premisa de la libertad. Qué molestia, ¿cierto?, sería bastante agradable que pudieras contar con un entorno seguro y regulado, uno que proteja tu vida y la de los demás. Pues resulta que tienes el derecho a mover el timón, o a dejar de moverlo; puedes incluso cerrar los ojos si deseas, o acelerar en vez de frenar. Todos tienen derecho a tomar sus propias decisiones, eso lo entiende la vida, eso lo entiendo yo. Los carros tienen espejos para ampliar la visibilidad así como tú tienes inteligencia, puedes mirar desde distintas perspectivas. Cuentas con la memoria que obra como retrovisor, tienes las miradas laterales donde la intuición y la percepción suelen ofrecer información; de hecho no puedes conducirte solo mirando hacia adelante, porque como ocurriría en un carro, no tardarían los desaciertos abundantes. Quiero entonces que te preguntes si conduciendo tienes absoluto control o simplemente eres bueno leyendo el entorno, recibiendo retroalimentación, entendiendo las señales y abriéndote paso sin luchar con lo que se atraviesa en la vía. Pues bien, eres muy inteligente si has aprendido a conducir en armonía con lo que ocurre fuera de tu carro, has permitido que el mundo siga existiendo al margen de tus expectativas, y entiendes que no vas a cambiar los baches pero que puedes sortearlos muy bien. Creo que si haces eso con tu vida, si te dejas llevar también por las señales del entorno, entenderás que tus habilidades están más allá de la queja o el reclamo, de la necesidad de que el mundo se parezca a ti o corresponda a tu idea de lo que tiene que ser. Eso, además de ser una habilidad adaptativa es una inteligencia capaz de considerar siempre soluciones, de entender el juego siempre dinámico entre el mundo, tu vida y tú como piloto. ¿Quién dijo que conducir es sencillo?, y aún así muchos lo hacen muy bien. Si no conduces bien es altamente probable que choques y conoces las consecuencias. Dirigiéndote a ti mismo hay choques que necesariamente ocurrirán, pero muchos de ellos pueden ser prevenidos si te manejas con esa misma habilidad de adaptación, de lectura del entorno, de sentidos alertas y dispuestos a recibir retroalimentación. Quiero que sepas manejar, que disfrutes hacerlo, que te libres de una vez del estrés por lo que los demás hacen o por los errores del mundo. Hay que fluir, pues lo que tienes en tus manos es tu timón y no el ajeno. Tal vez puedas ser un ejemplo positivo, y así habrás aportado al entorno. Yo siendo el entorno recreo las condiciones de acuerdo a la retroalimentación que también recibo de sus participantes. Entonces te dejo esta invitación, condúcete con fluidez, admite lo que ocurre, ve más allá, crea soluciones. Esa es la inteligencia que más les hace falta hoy en día”.“Posdata: Juguemos, déjame tu comentario, el análisis de cómo te conduces, te devolveré el resultado de tu prueba de conducción 😉”.
SIENTES, LUEGO JUZGAS
"Juzgar tiene más que ver con lo que sientes que con lo que piensas. Juzgas duramente aquello que lastima tus susceptibilidades, y puedes dejar pasar de largo más fácilmente lo que no lastima tus heridas. Es que juzgar no es solo lo que dices, juzgar también es eso que sientes sobre los demás, una especie de juicio implícito que obedece por supuesto a lo que has vivido, tolerado, amado o despreciado. La gente delicada trata de juzgar lo menos, y aun así sus sentimientos necesitan aflorar. Tengo una amiga que se esmera por ser correcta, veraz, neutral, y en general le funciona. Pero ella es otra cuando el tema en cuestión es la injusticia. Mi amiga fue criada por una madre rigurosa, que dirigió su vida y la de sus hermanos a través de una especie de ley. Esa ley, lejos de ser justa para ella de pequeña, estuvo sesgada por exigencias insensatas, o por la oportunidad que la niña ofrecía al ser obediente y eficiente.También tengo otro amigo, cuyo sentimiento proviene más de las dificultades en las que se encontraba su madre cuando él nació. Mi amigo se siente fácilmente despreciado, es decir, de poco valor, y juzga inconsciente y duramente a quienes no le dan valor explícito o parecen brillar más que él.Tú, ahí leyéndome, piensa qué es eso que juzgas con especial impulso. Puede que seas decididamente duro juzgando las fallas, porque entiendes que no puedes fallar, o juzgas el desamor, porque mucho amor te hizo falta. No es fácil reconocer algunas heridas inconscientes, o razones de la experiencia para creer que el mundo debería ser más justo, valorarte más, ser más acertado, o más amoroso. Sin embargo es bueno que entiendas que eso que te hace protestar es una herida que cobijas con ideas, ideas no tan bien construidas, que aparentemente protegen tu herida para que no duela. Míralo así, juzgas lo que te hace sentir mal. Si estás en paz, puedes pasar de largo sin juicios viciados, y entonces el sano juicio obra en favor del aprendizaje, que es lo que mejor puede ocurrir. Sí, el mundo es injusto, es verdad, y tiene muchos otros defectos. Pero tal vez es tu hora de admitir que lo que haces con eso marca la diferencia en tu bienestar. Sentirte de menos en algo definitivamente no ayuda. Sentirte de más es quizá una peor idea aún. Y moverse entre esos dos extremos es tan retador que prefieres quedarte en alguna orilla.Te invito a que te esfuerces, a que esperes ser más decidido para reconciliarte con tu herida, y verla supurando a través de tu mirada de frustración frente a eso que no tuviste.  Si eres valiente y observas, no tardarás mucho en caer en cuenta que estas recibiendo más bien un llamado a trascender esa herida. Curiosamente, muchas personas se enredan en juicios asociados a sus madres, ya sea porque ellas los emitieron, o porque los inspiraron. ¿Tuviste una madre dura o exigente? Puede que te veas juzgando los errores ajenos con rigidez e incomprensión. ¿Tuvo tu madre muchos problemas para enfrentar su vida? Es posible que la vida te parezca tremendamente injusta o despiadada.No le echemos la culpa a las madres, no es ese el objetivo, entendamos juntos que fue un aprendizaje, y también juntos tratemos de buscar desaprender. Digo juntos porque nosotros queremos ayudarte a lograrlo, a desprender, y a sanar. Ya sabes, no podemos simplemente sanar tu herida, debes hacer parte, pero sí hay mucho que propiciamos para que tengas que sentir el ardor en tu herida y entonces la tengas que atender.Hay heridas de tantos tipos, tan particulares, que arden tan distinto, que aunque logres darle un nombre a la tuya entiende que el remedio es exquisitamente particular. Por ejemplo, muchos de ustedes comparten una herida que podríamos llamar el vacío de no ser grandioso. Niños que no tuvieron un lugar exaltado en el hogar, hermanos que no destacaron por su inteligencia como otros de la familia, pequeños poco favorecidos en algún aspecto, o puestos en un segundo nivel de importancia familiar por distintas razones. Ese vacío de grandeza, de lugar, es uno íntimamente ligado a juzgar. Si bien de niños ustedes no están pensando en cultivar rencor, si están respondiendo a la necesidad de tener un lugar de valor entre los suyos. Juzgas ahora ese vacío, tienes esa necesidad por resolver, y adivina, lo harás tú. Otra amiga, quien fue abandonada por su madre estando pequeña, guarda esa herida como quien cuida un tesoro. La entiendo, nadie va a discutirle que eso fue tremendamente injusto, o le negará su derecho al dolor. Pero tampoco nadie vendrá a decirle que lo tiene que superar, y que se puede hacer a ella misma fuerte y sana si enfrenta la tarea de darse su propio valor y perdonar.La justicia de la vida, entenderás, dista de los sentimientos humanos. Los acontecimientos de la vida no se definen de acuerdo a si te dolerá o no, ocurren, y eso es lo que debes afrontar. Hacerle pecho a lo que ha ocurrido es el comienzo de tres pasos esenciales para darle un giro a esa historia, a esa herida.Primero, hay que reconocer la herida, segundo, hay que ver que es algo que puedes reparar, aunque a veces sigas diciéndote que esa es tarea del causante, y tercero, hay que sanar para triunfar, hay que desenamorarse del dolor.Veamos un caso. Si tu herida tiene que ver con que tu valor dependía de tus logros, entonces comienza por ver todo lo que te nubla estar pendiente de ellos, de destacar, de salir premiado o exaltado. Si te exaltan sientes valor, si no lo hacen algo estuvo muy mal, y tal vez no eres tan valioso.  Probablemente no lo has pensado, obtener logros está bien, pero que tu bienestar dependa tanto de ello es una señal que merece atención. Entonces sospecha, oblígate a sospechar, que es algo que tú mismo puedes reparar. Claro que puedes reparar las heridas que causó el entorno, y que no necesitas obsesionarte con repararlo a él. Pero no necesitas juzgar al entorno cientos de veces para repararlo, o para reparar el daño que te causó. Lo que necesitas es ilusionarte con un cambio, con tu libertad, con una sana autoestima.Por alguna extraña razón que no corresponde explicar, los seres humanos se vinculan más al dolor que a la plenitud, y eso les impide buscarla. Desenamorase del dolor implica la valentía y el coraje de contradecirse a sí mismos, ¿quién dijo yo?”